Entre la nostalgia y el deshielo

Denys San Jorge: Entre la nostalgia y el deshielo

POR Tomas Delfín Hernandez Díaz

Eduardo Galeano, a modo de exergo en “El libro de los abrazos”, hacía referencia al probable origen etimológico del vocablo recordar: del latín re-cordis (volver a transitar por el corazón) lo cual es uno de los alicientes que nutren esta especie de proyecto que Denys San Jorge nos propone ahora. Un viaje a la memoria, un traspaso por la fina y accidentada orilla que bordea el olvido y nos impide desbocarnos frente a la nada. Eso descubre todo espectador al encarar estas series donde el artista manipula recuerdos y recortes impresos de unos y multitudes.

Collages que se conforman a partir de fotografías antiguas, quemadas para enmarcar el pasado con la misma y deforme silueta que corroe todo azar, vertidas en soportes tan disímiles que van desde discos de acetato (DECCA, Remington, RCA Victor, Columbia…) hasta lienzos, cartulinas, papel manufacturado, y todo realizado con técnica mixta utilizando empastes, acrílicos y óleos.

Para mí, la finalidad del conjunto no es repasar meras imágenes sin un orden aleatorio pre-determinado. No. Por el contrario, nos resulta en extremo fácil izar puentes, construir vasos comunicantes lo mismo entre edificaciones que hoy ya son extintas, o en ruinas, por el silencioso complot entre el paso del tiempo y la desidia humana, que en rostros fundidos donde cualquier testigo buscará percibir rasgos que les resulten familiares. Y tal vez como hilo conductor entre la obra y quien la rete a duelo (o la padezca si el ente es de vetusto linaje) queda el aprensivo sopor que entrecruza nuestras diferentes maneras de peregrinaje hacia todo pasado.

Confesaré algo: yo, que poco paso las cuatro décadas de existencia, encuentro en ese tanque de agua, sita en las afueras de mi pueblo y en dirección hacia la capital, un bálsamo herido, un brocal ante las fieras del olvido por cuantos regresos a deshoras tuve que realizar desde que tengo uso de razón. Imagino que ese tótem para cada bautense, a la distancia de 2 o 3 km, tras viajes tropelosos y hasta en muchas ocasiones frustrantes, sobre todo a principio de los noventa y en pleno período especial, nos apaciguaba el alma porque habíamos llegado por fin al hogar tan ansiado y eso no tenía precio.

Dentro de la trilogía existencialista que nutre a cada grupo humano el quo vadis? siempre se ha apoyado sobre un de dónde vengo? para poder proyectarnos hacia el futuro con el hacia dónde voy? Ya hablaba el genial escritor uruguayo en otros de sus escritos “Las venas abiertas de América Latina” acerca de la importancia de semejante tópico: “la historia es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás”, pero sin despreciar la dialéctica hegeliana. El Hoyo Colorado del génesis pervive en esa nomenclatura que deambula en los retratos: Almacenes Pikin, la Iglesia Católica, Panadería La Paila, Círculo de Recreo, la Textilera Ariguanabo, las fraternidades, entre hechos trascendentales, fotos íntimas y familiares, etc. En la misma medida acontecimientos y figuras que hicieron de nuestra tierra un lugar de mayor amplitud, por ejemplo, la primera vez que la Caridad del Cobre arribó a nuestro pueblo en Cayo de la Rosa en 1952, y quien le rinde los honores del recibimiento es nada más y nada menos que el Padre Angel Gaztelu, aquel padre espiritual del grupo “Orígenes”, cuyos distinguidos integrantes (Eliseo Diego, Fina y Bella García Marruz, Cintio Vitier, Lezama Lima, René Portocarrero y otros) deambularon por nuestras calles y parques.

Y es que la obra de San Jorge nos conduce siempre a ese viaje a la semilla. Ya lo hizo con “Desarme”, un conjunto de piezas conformadas con herramientas que solía utilizar su padre para reparar viejas lavadoras Aurikas, de procedencia soviética. Y lo ha venido haciendo desde entonces. Así pues, cada trabajo suyo lleva implícito algún trozo de entrana y se torna personal, casi íntimo por instantes. Lo aceptamos pues, sin reparos ni objeciones. Es fácil de digerir. Engullimos el anzuelo porque perdemos de vista en qué lugar del nylon se está y rehacemos el itinerario a nuestra conveniencia, y comenzamos por aquellos detalles que más prendieron a nuestros recuerdos, por tanto, somos igualmente coautores; cazadores y presas al unísono. Y en esta aventura la carnada es la nostalgia, nostalgia que se transpira entre oscuros ocres, tonos sucios del sepia y negros bordes.

Su objetivo es claro: dotarnos de una memoria histórica de la cual nuestro pequeño espacio en este mundo carece, y entonces, solo entonces, a partir de ahí abrir un resquicio en el hielo del desánimo y darnos a conocer al mundo.

 

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