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Logia Verdad y Pureza

El trabajo en la Logia Verdad y Pureza

POR Denys San Jorge

En Caimito del Guayabal tengo admirables amigos masones. Uno de ellos, el querido Luje lo conocí un domingo en el aniversario de la Logia Salvador Cisneros en Bauta y una hermosa amistad ha surgido, siempre me habla con mucho orgullo de la hermandad, de su taller y esa misma pasión la he podido constatar en su Venerable Maestro Adel, como en los hermanos caimitenses que he ido conociendo en el andar y como en otros que conocía ya tiempo atrás, como el querido Romier.

El año pasado un domingo 25 de junio de 2017 estuve en el Aniversario de la Logia Verdad y Pureza de los valles de Caimito del Guayabal. Recuerdo con mucha emoción que había sido recién restaurada y con nuevos bríos mostraba en aquel momento un aniversario más en todo su esplendor, en un taller fastuosamente decorado por la unión inquebrantable de sus hermanos. Colores, la cadena mística y las columnas salomónicas entre simbologías masónicas se unían a la historia y a la fraternidad entre aquellos hermanos que con orgullo mostraban su nuevo taller que brillaba en aquella calle de Caimito. Recuerdo como en el Trabajo Central de 2017, su Venerable Maestro leía con orgullo como había avanzado este taller y las metas que tenían propuestas.

Hoy, un año después este hermano taller ha avanzado más, sin dudas la Logia Verdad y Pureza celebra ahora este año su 93 Aniversario y a esta cita un jueves en horas de la noche, acudió el Gran Maestro de la Gran Logia de Cuba Ernesto Zamora y muchos hermanos de diferentes hermanas logias. En este nuevo Aniversario el Trabajo Central del Q:.H:. Reinier del Pino Cejas titulado: “El trabajo y la masonería[1], nos vislumbró y vino a tono con los nuevos tiempos que abrazan a este Taller y el trabajo realizado hasta hoy.

En el mismo leído ahí su autor mostró unas palabras claves de José Martí: “La educación comienza en la cuna y termina en la tumba”, y afirmó el Q:.H:. del Pino en este texto tan necesario para estos tiempos en nuestra sociedad: “Es imposible cambiar el mundo si no cambia uno. No debemos proponernos grandes tareas si no tenemos la capacidad de realizar la tarea primaria que es con nosotros mismos”.

Es cierto. Bien lo sabe el Q:.H:. del Pino, quien es un excelente periodista y poeta además que: “El trabajo es una categoría filosófica de la cual la masonería se ha apropiado desde sus inicios”. Ahora la Logia Verdad y Pureza aunque es un taller pequeño con pocos hermanos arriban a este aniversario con mucha unión y fuerza y con una historia digna de destacar y propósito cumplidos que avanza.

De la historia de esta hermana Logia Verdad y Pureza cuentan que corría el año 1924 y fallecía en esta localidad un portugués llamado Domingo Longo, y su mujer al ocaso de su compañero se interesó por los masones vecinos de Caimito y les mostró un baúl del fallecido en que existían documentos que mostraban que Longo, era masón y tenía el grado 33 de la masonería en su taller europeo.

Para ese entonces en Caimito del Guayabal no existía un taller masónico y los documentos existentes muestran que los hermanos que estaban afiliados, eran miembros de la Respetable Logia Salvador Cisneros y uno el Doctor Amado J. Fernández pertenecía a la Logia Fraternidad y Constancia de Punta Brava.

Ya para el 7 de abril de 1925 surge la idea de crear un taller en estos valles y se reúnen en el edificio del Centro Obrero los hermanos: Francisco Macías Valdespino; Luis M. Barroso Lazo de la Vega; Zoilo Palmer de la Hoz; Manuel A. Cabañas Márquez; Francisco Menéndez Oliva y Desiderio Rodríguez Companioni, todos maestros; José Álvarez Sánchez, Pedro g. González Suárez y Filiberto Barroso Lazo de la Vega eran Compañeros, y como Aprendiz estaba Ireneo Díaz Valdés.

Aquel día se propusieron: “Disipar la ignorancia, combatir el vicio e inspirar el amor a la humanidad”, y tuvieron apoyo de los Hnos. Federico Valdés Hernandez de la Habana y el bautenses Washington Guerra, este último Venerable Maestro de la Logia Salvador Cisneros y a su vez Diputado Gran Maestro del Distrito quienes dieron un gran apoyo a esta iniciativa, y es cuando meses después el 12 de junio de 1925 se reúnen nuevamente en el local de General Maceo 89-B, propiedad del Sr. José Sariego adaptada para este nuevo taller, reuniéndose nueve maestros masones, tres compañeros y dos aprendices acordándose el nombre de la logia y el sello a usarse y se propusieron conquistar la luz con sus acciones.

Bien lo supo demostrar el Q:.H:. del Pino en su Trabajo Central cuando afirmó: “Los masones tenemos la responsabilidad, más que la vocación, de conquistar la luz con nuestra actitud. Tenemos que ser espejos. Llegando a la masonería desde un mundo cada día más convulso que se mueve por sentimientos mezquinos, donde el hombre se enajena cada vez más y la virtud parece extinguirse, no es tarea fácil el trabajo hacia lo interno. En él juega un papel fundamental la voluntad. Habrá quien diga que ya la edad no le acompaña. Que es muy tarde para cambiar. Pero la virtud se ejercita y nunca se es demasiado viejo para aprenderla”.

Los masones de Caimito del Guayabal y su Logia Verdad y Pureza fundada el 7 de abril de 1925 van por buen paso y las palabras del Q:.H:. Reinier del Pino son acertadas cuando cerró su lectura: “El trabajo entonces es necesario. Tanto el interno y el de la logia como el que hacemos para la sociedad. Los tres fundidos en nuestra conducta diaria deben ser una prioridad en cada uno de los miembros de un taller. Tenemos que logar esa diferencia en nuestra institución que la haga merecedora del calificativo de justa y perfecta. Así cuando los trabajos se cierren en cada sesión realmente se quedarán abiertos, porque la vida será un enorme taller y el ojo que todo lo ve nos mirará desde todos los puntos cardinales, esta vez con orgullo”. Así los hermanos masones de estos valles cercanos homenajean a sus fundadores y por el buen paso de la hermandad van como abejas laboriosas, con cariño y amor fraternal.

Denys San Jorge Rodríguez

denyssanjorge@gmail.com

Callejón de los Perros/Bauta

octubre/2018

[1] Texto leído en el 93 Aniversario de la Logia Verdad y Pureza, en Caimito del Guayabal en Artemisa, Cuba.

¿Callejoperrenses?

¿Callejoperrenses?

14POR Denys San Jorge

En medio de Navidades, recibí un saludo inesperado y muy afectuoso. Mi amigo Franky, desde Canadá mandaba un afectivo abrazo, con un mensaje desde Montreal a mi familia con la cierta ironía que caracteriza su excelente literatura: “abrazos a los callejoperrenses”.Francisco García González (Franky),nunca puede dejar de escribir sin dejar nota de su buen humor y aparte de ser caimitense del poblado de Caimito del Guayabal se nombraba estando aquí con orgullo como un bautense ahí en lo profundo de la Calle Martí, y un día ironizando igual, me dijo que yo vivía en “DogAlley”. Estaba igualmente en lo cierto.

El Callejón de los Perros, era el lugar donde crecí junto a Ediel (El Pulga), Eduardito, Yeney, Mayelín y Ramón (Cajetilla), tambien con Raulito y su hermano Pitico, igual con mi hermano Evelio. “Teóricamente” es mi barrio, mi cuadra o al menos nuestros “ancestros” se la apropiaron cien metros más abajo e hicieron suya. Eso lo sabe desde Barcelona Abilio Estévez, quien tenía su familia ahí en el originario Callejón de los Perros, y también Emilio Ichikawa, en Homestead, Florida, quien nació en esa calle nombrada también en los años 40 como Julio Carrasco, en honor a un poeta nacido en San Juan de los Remedios y en condición de emigrado radicado en Bauta, quien falleciera el 20 de octubre de 1928.

En el Diccionario de la Lengua Española (en su 22.ª edición), de 2001, muestra como el adjetivo gentilicio, es aquel que «denota la procedencia geográfica de las personas». Hipotéticamente El Callejón… era un camino entre palmeras que conducía a la antigua laguna, donde el Marqués de Monte Hermoso tenía su Hato del Ariguanabo, dicen que a inicios de siglo te detenías ahí y solo veías al oeste lo que sería mi cuadra que era solo monte y yerbazales, más allá… no había futuro en aquella bajada, menos procedencia geográfica para identificarse en un gentilicio.

Pero para inicios de la década del cuarenta, del antiguo y verdadero Callejón de los Perros,se desprendieron dos delgadas líneas en forma de calle que era todo un potrerillo formando una manzana. La zona había sido tomada por emigrantes que armaron algún chalet de renta y otros pinareños que llegaron ocupando el potrerillo, armando así ciertas casascon el objetivo de entrar a trabajar como “bautenses”, en la moderna fábrica textil del americano Hedges. Poco después la zona del potrerillo la fueron urbanizando y sus habitantes, no quisieron nombrarse como “potrerillenses”, y comenzaron a nombrarla Callejón de los Perros, sin el consentimiento de los otros de cien metros más arriba.

Cosas del cubaneo y la indisciplina, con aquello lapidario a plan de machete de: “Lo hice porque me dio la gana”. Era verdad. Según en un artículo publicado ahora en la Revista Palabra Nueva, del mes pasado de octubre, cuando publica “¡Oh, la idiosincrasia!”, un texto de año 1949, publicado originalmente en la revista norteamericana Selecciones del Reader´sDigest, nos muestra algo que pudiese venir a tono con aquellos que un día ocuparon mi barrio: “Jamás habléis de lógica con los cubanos, pues esta implica razonamiento y mesura, y ellos son hiperbólicos y desmesurados”.

No era lógicoentender para aquellos primarios “callejoperrenses” quienes ponían bonita su cuadra más arriba, pero tampoco desacertado la intención de los emigrantes en el nuevo barrio más abajo, de hacerse notar frente a una clase media superiory obrera de bautenses bien orgullosa. Cuando los originarios “callejoperrenses” o “carrascoenses” vieron la desfachatez de los “extranjeros”, quizás pudieron sentirse indignados al ver como aquellos emigrantes del potrerillo se apropiaban de sus gentilicios a pocos metros. Me hizo recordar a Alberto (el Gallego), un día sentado en mi casa cuando me comentó de aquel Alcalde Jorge Godínez cuando nombró el otro Callejón de los Perros creado por la indisciplina social o aquel “Callejoncito”, con su nombre en vida.

En la Grecia antigua, los griegos usaron diferentes gentilicios y decían que eran “helenos”, los que fueron derribados con lanza y espadas en la batalla de las Termópilas, se denominaron así mismos como helenos. Para Homero, que en la Ilíada afirma, como las fuerzas griegas que asediaban Troya aparecen con tres calificativos disímiles: los argivos, los dánaos y los aqueos, pero no dejan de ser puros griegos. Igual cierto mambí procedente de que llegó en la invasión a Bauta

En la República los de Bauta bien pudieran ser hoyocoloraenses por aquel Hoyo Colorado que salía en el libro del Censo de 1943. Hoy sería mejor nombrarse bautenses y derivarían en un variopinto de gentilicios microscópicos, como: yumurienses, santaemilienses, belicaenses y hasta en cubalinenses, esta última por aquella compañía petrolera Cuban Line Corporation, que había en una loma cerca del pueblo y derivó en un barrio urbanizado por el cubaneo popular comoCubalina.

Pero para el Alcalde Godínez en 1946, nunca imaginaría que quizás basura y alcaldía era sinónimo de callejón o potrerillo, quizás ni sabía qué en los siglos pasados en el mediterráneo, el “heleno” adoptó un significado más extendido, refiriéndose a los pueblos civilizados, en contraposición con el término bárbaro, que aludía a los incivilizados, pero el lío “armado” entre los “callejoperrenses” y “carrascoense” del este contra los del oeste bautense había que arreglarlo un poco en aquel siniestro lugar donde todos querían ser los “helenos”, tan propenso a verter basura, donde ya se habían asentados algunos emigrantes y puso su nombre “Jorge Godínez” a aquel “callejoncito”.El Alcalde no quería lío en el pueblo, al menos para las próximas elecciones. Entonces los del oeste, comenzarían a nombrarse muy orgullosos con el gentilicio del Alcalde como “godinenses” y los emigrantes pinareños en la zona ocupada del oeste comenzaron a insinuar que les resultaba más interesante, que podrían pasar ahora hasta por “londinenses”.

Podríamos hasta aceptar un día que alguien nos insinúe en mi barrio que somos “godínenses”, como bien me afirmó Alberto (el Gallego), o “carrascoense” como un día me insinuó el poeta Carlos Jesús, que tanto admirara al poeta masón Julio Carrasco, nombrado como un poeta del dolor.

Frankyaunque no le gustaba la poesía admiraba al poeta del dolor y tiene razón cuando escribe cuentos de emigrantes como: “RememberClifford”, y aunque aquí tenía un variopinto de gentilicios antes de emigrar, ahora tiene otros y dice que: “quizás sea aprendiz de “montrealense” o de escritor “montrealense, y parte de esta ciudad es a través de lo que escribo y leo, que nada o poco tiene que ver con Montreal”.

Como mismo José Ramón (Cajetilla) siente orgullo por su gentilicio y no lo olvida, en Miami fue a un concierto de un destacado músico cubano que tiene familia en nuestro barrio y le “gritó” desde el público muy orgulloso: “¡La Gente del Callejón de los Perros!”, y el cantante comenzó a buscar “aquel” que dijo el nombre del barrio suyo también y al identificarlo, lo abrazó con alegría y recordó de seguro cuando jugaban juntos baseball en el terreno de la Vallita o Cayo de la Rosa, donde Cajetilla terminó cantando y bailando en aquel emblemático concierto, junto al cantante y compositor cubano.

La misma sensación del gentilicio la tuve hace unos días, cuando el bloguero Manuel Alejandro, me dijo que tenía algunos “seguidores callejoperrenses” que compartían mis post por Twitter sin yo saber… y estaba en lo cierto, si entendemos que mi Blog es El Callejón de los Perros.

Tampoco Yeney y Mayelín, aunque emigraron y sean ahora unas miamenses en todo su esplendor dejaría de identificarse con el gentilicio del barrio. Igualmente, Ediel (El Pulga) emigrado en Barcelona y Eduardito por San Sebastián, quienes adoptaron nuevos gentilicios, nunca dejarán de ser “callejoperrenses”, aunque ahora se consideran barcelonistas porque le van a Messi cuando juega en el Barcelona, como mismo mi antiguo vecino el bautense Emilio Ichikawa es también un “callejoperrense” o un “carrascoense”que seguro leyó muchas veces al poeta del dolor Julio Carrasco. Lo sabe igual Raulito en Tampa, quien se considera con orgullo del Callejón.

Franky tiene mucha razón cuando me dijo desde Montreal: “Aquí los latinos decimos montrealenses y los de la provincia de Quebec, quebecuás o quebecos”. Yo nunca me he preguntado si me siento montrealense o no, vivo aquí y ya, ahora funciono en modo montrealense anglófono, no sé si sienta sentimientos de pertenencia a esta ciudad que sin dudas me ha dado mucho, Montreal es una ciudad amable, aquí el capitalismo fluye sin agresividad, no sé quién me roba mi plusvalía, pero eso no me importa, mi ladrón de plusvalía es todo un caballero y hasta me permite soñar con un “futuro mejor””.

La última vez que vino, estuvo aquí en mi casa dentro del Callejón de los Perros, conversamos mucho. No sabría cómo identificarlo a él, si caimitense o guayabalense. en su condición de emigrante honorario y prestigioso,en estepotrerillo urbanizadosería todo un“callejoperrense”, ya que varios amigos tiene por aquí, que le estiman, que bien podría darle el título honorifico de Hijo Ilustre del barrio o del potrerillo godinense, aunque ahora él sea todo uncaballero canadiense.

Si le aplicamos nuestra lógica matemática, decimos con orgullo que somos de todo un poco, somos hasta “helenos” como la lógica del cubaneo y propensos a incrementar nuestros gentilicios, si por casualidad mañana me mudo para Antillas, en Holguín, donde sería un antillense y eso el pintor Ezequiel Sánchez Silva lo sabe. Sin dudas estos “callejoperrenses” diseminados por el orbe, seguirán asumiendo su gentilicio nativo y siendo “cubanos” en todo su esplendor, como mi buen estimado amigo Franky, estén todos donde estén.

Denys San Jorge Rodríguez

Callejón de los Perros

Noviembre 2016

FOTO 1. Antiguo “potrerillo” en 1935, devenido en Callejón de los Perros y Julio Carrasco a la fuerza por un grupo de emigrantes pinareños, después calle Jorge Godínez. Hoy mi cuadra (Callejón de los Perros). Vista de la esquina de la zanja.

Villena y el útil anhelo

Villena y el útil anhelo                                                                                                                               POR Denys San Jorge

DSC00890 (Large)Las cartas que escribió Rubén Martínez Villena (Alquízar, 1899-La Habana 1934) desde Tampa, Ocala e Ibor City a su amada en Cuba, son hermosas y profundamente encantadoras.

Eso lo pude presenciar hace unos días en unos nuevos libros sobre la figura de este gran cubano y destacado líder de laCuba de inicios de siglo xx,autor de poemas tan trascendentales como “La pupila insomne” y “El anhelo inútil”.

Bajo el título de El útil anhelo, publicado por Ediciones La Memoria, del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, está concebido en tres tomos, donde su autor Carlos E. Reig Romero, compiló toda la correspondencia de Villena. El primero (mayo 1912-julio 1930), el segundo (julio 1930-1931), y el tercero (noviembre 1931-verano 1933).

Gracias a la Dra. Caridad Massón Sena, tuve el placer de estar en esa presentación de esa nueva trilogía de libros grandiosos en Caimito del Guayabal, sobre la correspondencia de ese gran cubano que fue el poeta, revolucionario e intelectual cubano nacido en estas tierras artemiseñas.

Callejón de los Perros/Bauta

Mayo/2016

Fito Pimpollo y la 12 Bienal de La Habana

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POR Denys San Jorge Rodríguez

Fito Pimpollo, ve el periódico Trabajadores en sus manos y me mira serio. Me aclara que yo no cambio, que sigo con la misma historia con los hierritos, con las arandelas y las herramientas sobre las planchas de metales. “¡Hasta cuando macho! ¡Hasta cuando con el cuento este! ¡Ponte a pintar paisajes carajo, deja esos hierros que no te dan ná!” Me dice y quedo en silencio. Vuelve contra mí muy seriamente: “¡Ahora es la palabra Patria! ¿Qué coño será mañana? ¿Revolución? ¡Ni se te ocurra tirar un chiste con esa palabra!” Me lo dice y me aclara además que el no entiende ese arte que yo hago con los hierros, menos que intente coquetear con la política, que lo que debo hacer es pintar como su nieto Pablito, pintar… misiles surrealistas o palmitas insulares.

Al viejo Fito Pimpollo, nunca le gustó la idea que su nieto graduado en la escuela de arte le vendiera cuadros a extranjeros y menos en su casa en Caimito del Guayabal. Menos si eran… “americanos”. Cuando un cliente venía interesado y si era norteamericano of course, el viejo Fito Pimpollo simplemente le aclaraba: “¡Pablito esos cabrones son del imperio, mira ver tú con esos enemigos aquí en mi casa!”, el abuelo no dejaba al muchacho solo frente “aquel” campo de batalla. Iba y se sentaba a oír como los yanquis coleccionistas comentaban sobre las obras del joven artista. Se sentaba a oírlos de chaperón y cuando el nieto le pedía que hiciera un poco de café, él le aclaraba simplemente que al imperialismo ni un tantico así… ni de café. Que si lo dejaba, los envenenaría a todos con el café de la bodega y una pizca de sal de nitro.

Pero todos esos clientes del norte que han pasado por la sala en Caimito del Guayabal y frente a la mirada seria y cerrada del viejo abuelo, no saben que el viejo Fito Pimpollo no es un cubano y viejo cualquiera. ¡No! Fito Pimpollo, ahí ya viejo cuando estaba joven luchó contra la dictadura batistiana, combatió en la lucha contra bandidos, en Girón y cuando la Crisis de los Misiles fue protagonista de un hecho que trascendió la historia del pueblo en que nació.

Menos saben, “esos clientes del norte” que han venido a comprar los cuadros de su nieto, que el veterano Fito Pimpollo y con varias medallas a cuestas por cortar caña en la Zafra del Setenta, tuvo el privilegio que un gran escritor de su localidad como Francisco García González, un día lo escuchó en el parque municipal contándole a otros viejos de cuando venía manejando aquel KP3 ucraniano, que encima cargaba un misil de largo alcance cuando este se volcó por culpa de una vaca, en la curva a la salida en Caimito del Guayabal y fue a la cuneta incrustándose hasta chocar con una palma real que atravesó el motor del vehículo, a punto de provocar otra Hiroshima en el kilómetro 36 de la carretera central.

¿Cómo sería posible? Encontrar un anciano así entre aquellos viejos tirados en un rincón del parque, tomando ron y fumando. Muy solos leyendo el periódico provincial. Pero siempre hay alguien al acecho cazando una historia sugerente, interesante y novedosa, y ahí estaba ese escritor en el parque en su momento justo esperando un camión para ir a Bauta, un escritor que se inspiró entonces en el viejo Fito Pimpollo, aquel héroe local y olvidado por volcar el KP3 por no querer matar una vaca nombrada Chola, un anciano que hablaba ahora de la gesta y que por poco detona nuestro holocausto sin lograr el objetivo en aquellos trece días al borde de una contienda mundial. Francisco, le realizó un cuento, más no podía hacer ese talentoso escritor, el no era un escultor, no podía edificarle un pedestal, eso era tarea de otros si la querían, tarea que nunca sucedió claro está pues el viejo Fito Pimpollo en sí… no fue un héroe, solo cometió el grave error de dejar voltear el misil nuclear por aquella vaca, cuando su superior se enteró en aquellos días le dijo ¡Fito al carajo la vaca Chola cojone! ¡Coño mira ver que por poco nos vamos nosotros primero que el Kennedy ese! Entonces el escritor si le hizo un cuento, en sí un minicuento hermoso y nombrado: “En el kilometro 36”, donde Fito Pimpollo plasmaba sobre un misil soviético y con un pedazo de metal su nombre en el acero que cubría las ojivas nucleares que vinieron desde Moscú, no dibujó la vaca Chola a su lado pues no sabía dibujar, pero si plasmó su nombre. Fue una historia épica y real al borde del holocausto atómico, que desde La Loma del Esperón en Caimito del Guayabal se pensaba desaparecer el norte enemigo. Un cuento que al viejo Fito Pimpollo, le fascinó cuando lo vió publicado y al leerlo le dijo al escritor: “¡Así mismito fue, lo dibujé con la bayoneta! ¡Oiga y qué duro e´taba el acero eh pinga ese del misil soviético! ¡La bayoneta no lo arañaba nada!”, y el otro “pícaro al fin” le escribió un guión cinematográfico además y después devino en filme entonces bajo la dirección del director cubano Daniel Díaz Torres, una narración que bajo el nombre de Lisanka, Fito Pimpollo vió su simple acto de arañar aquel metal soviético en su juventud como algo maravilloso, ahora convertido en una obra de arte que transitaba por todo el mundo en cines y en libros.

Su nieto Pablo, es pintor y es un joven artista de una nueva generación de cubanos, que inspirados en hombres como su abuelo Fito Pimpollo, están en el momento oportuno del curso de la historia entre las relaciones entre Cuba y los EE.UU. El viejo Fito Pimpollo, siempre le ha criticado esas ideas al joven artista de venderle al enemigo norteamericano y más, sus obras inspiradas en la heroicidad familiar de él cuando joven con el misil soviético, dibujando en plena Crisis de los Misiles sobre un cohete nuclear, agobiado por el calor y el estrés constante al sacrificio humano que se vivió por la libertad de la isla también en Caimito del Guayabal. “¡Al enemigo ni un tantito así!” siempre se lo ha dicho su abuelo. Se lo ha repetido mil vecez aclarándole que lo dijo un gran hombre. Es verdad. Pero después del 17 de diciembre en que se tomó un nuevo rumbo en el país. El viejo Fito Pimpollo, ha cambiado algo su mentalidad y la ilusión del nieto Pablito de “atrapar” un coleccionista norteamericano que le compre y que ayude su vida ha crecido de sobremanera en la casa en Caimito del Guayabal, lo primero que hizo el joven artista fue iniciar una limpieza espiritual y hasta él mismo abuelo de pronto lo ha comenzado a ayudar a preparar su exposición para el mes de mayo, el viejo Fito Pimpollo cortó hasta el árbol de cedro que había en el patio de finales del Siglo XIX de la casa en Caimito del Guayabal, un cedro glorioso para que su nieto hiciera sus bastidores y oí que le dijo hace poco: “Pablito, si tiene que ser un coleccionista norteamericano, yo prefiero que sean de Chicago, por lo trabajadores que un día en esa ciudad se enfrentaron en huelgas y se hicieron mártires”.

El nieto sonrió, estaba contento por el apoyo del abuelo con el cedro familiar de antaño y el viejo Fito Pimpollo, no sabe que ya Pablito está preparado para el enemigo con sus obras conceptuales. ¿Cómo es posible? Que el viejo Fito Pimpollo cambie de un día a otro. Pero como se aproximaba la Bienal de La Habana, Pablito apresuró su mano y realizó casi un centenar de obras inspiradas en la gesta heroica de su abuelo con el misil ruso, bajo el título de: “Abuelito, la vaquita Chola y los 36 kilómetros entre misiles en Caimito del Guayabal”. Obras con la idea de atrapar a algún coleccionista del norte y que le compren sus composiciones inspiradas en el viejo abuelo. Una historia interesante. Novedosa, Que ha tenido éxito ya en la literatura y en el cine cubano. ¿Por qué no llevarla entonces a las artes visuales? El nieto sabe lo que hace, sabe que está en el momento justo. La avalancha de coleccionistas contra la exótica isla, los otros que quizás vengan del propio Chicago… (como quiere abuelo) a comprar a los jóvenes artistas y él, que no quiere quedarse atrás, menos en su natal Caimito del Guayabal. Pinta entonces palmas y misiles, la propia vaca Chola con ideas surrealistas entre kilometrajes por la carretera central, palmas para vender, misiles pál inglés, vacas que vuelan…

Pero su nieto en las nuevas circunstancias ha creado un estudio en el Vedado con la idea de atrapar a algún coleccionista, pues a Caimito del Guayabal nadie va a llegar y hasta allí también ha ido a visitarlo su abuelo Fito Pimpollo, y también a recorrido la 12 Bienal de La Habana.

Hace unos días me dijo que estuvo en varias exposiciones con su nieto, me dijo que las obras que vió les resultaron maravillosas, que los artistas amigos de Pablito eran ocurrentes, atrevidos y que patinó hasta en La pista de hielo del artista norteamericano Duke Riley, que pusieron en Malecón y Belascoaín. ¿Cómo es posible? Quedé con duda. ¿Fito y tú… estuviste en la pista de hielo del norteamericano? Le pregunté asombrado y me aclaró con un sí sonriente comentándome que le recordó cuando patinó en Moscú. Estaba feliz. Había patinado una vez más y junto a su nieto bajo el calor insular.

El viejo Fito Pimpollo aunque no le gusta la idea de su nieto por la capital solo dando su pellejo para los turistas extranjeros, espera impaciente la inauguración del muchacho mientras le sonríe apoyándolo y le aclara: ¡Pablito cuando to´ esos amigos norteamericanos vean allá en el Vedado, en tu estudio todas tus palmas volando y los misiles inspirados en mí sobre tus lienzos, vendrán de segurito hasta Caimito del Guayabal, a conocerme en persona y caminar sobre el mismo Kilómetro 36, que tanto ha inspirado a la literatura, al cine y al arte cubano!… ¡Ambicionarán llegar donde un día pudo explotar aquel misil soviético que sin salir de Cuba iba a acabar con el propio Kennedy y con nosotros mismos! ¡Oye… y si son americanos los coleccionistas, tráelos que nuestra casa es su casa… y que yo mismo les hago su cafecito cortadito!