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Todos les vamos a los Cazadores de Artemisa

Todos les vamos a los Cazadores de Artemisa

PHO_5919 (Large)POR Denys San Jorge

Ahora qué la escuadra de los Cazadores de Artemisa, no le va muy bien en la Serie Nacional, pienso enmi hermano Evelio y en un amigo mexicano, este último que un día de 2011, se retrató junto a varios pitcher del equipo artemiseño en tierras bautenses.

Mi hermano, un amante y fanático del deporte y del béisbol cubano en particular. Enemigo uno de Industriales y años antes, un fuerte seguidor de aquel clásico equipo Habana, donde milito el gran José Ibar, Oscar Macías, Ernesto Molinet, el bautense Juan Carlos Linares y anteriormentede colosales peloteros como Romelio Martínez, Pedro Luis Rodríguez y Luis Ignacio González, entre otros… al cual él, iba al propio estadio Nelson Fernández de San José de las Lajas, o al Latinoamericano, a apoyar a su escuadra habanera.

Ahora, sin dudar le vamos a Artemisa, y mi hermano es amigo del estelar Jonder Martínez, y este último quien ahora se desempeña “por desgracia nuestra” en el equipo matancero. Ha visitado nuestra casa en varias ocasiones, y mi hermano, como es habitual no se pierde un partido por la radio o la TV, con una memoria sin igual, repasa estadísticas y record beisboleros antológicos en la isla, como también de esos grandes peloteros cubanos que siguen haciendo su historia, en diferentes clubes internacionales.

En 2011, tuve el placer de recibir en Bauta, la grata visita del amigo y fotógrafo mexicano Mario Montalván, que vivió unos días en el Callejón de los Perros y dentro de aquellos meses en la localidad, cuando la formación de una nueva provincia y donde vio con emoción algunos de mis dibujos publicados en el joven semanario artemiseño. Fueron quince días, donde a la vista de todos, un mexicano o un “anglosajón” andaba por las calles de Bauta, retratando espacios públicos, haciendo amigos, conversando y hablando de arte, donde iba hasta solo a buscar hasta la “libra” de pan y tratando de imitar la jerga del cubaneo insular. Tiempo después recuerdo, de cuando ya se encontraba en su rutina diaria entre el Tecate cervecero y la California estadounidense, me preguntaba por personas con las que interactuó y les estrechó la mano, en Bauta y en el Callejón de los Perros.

Fueron unos días mágicos de comer hasta la picante comida mexicana, unida en fascinante armonía al arroz congrí, con carne de puerco y yuca. Donde, el intruso amigo que andaba por las calles bautenses, tuvo hasta el privilegio invitado por mi hermano Evelio de presenciar y junto a un grupo de vecinos del Callejón de los Perros, tres trascendentales partidos de béisbol en el estadio Severino Méndez de Bauta, entre el equipo recién creado de Artemisa y las escuadras de Pinar del Río, la de Villa Clara y los Industriales.

Aún recuerdo aquellos encuentros de béisbol y el privilegio que tuvo al final de los partidos, de reunir a los astros de la lomita de los infartos, para retratarse junto a todos, y estos, los pitcher Yadier Pedroso, quien falleciera en un accidente tiempo atrás, a Miguel Alfredo, a Lahera, al alquizareño Yulieski González y al estelar Jonder Martínez, le dedicarán su firma en el último día de partido.

Mario, un fanático del baseball y de su equipo local tecatense, como de los Padres de San Diego, en las Grandes Ligas estadounidenses y el cual, va a menudo al Petco Park a presenciar sus juegos, en sus días bautenses lo pudimos ver por las gradas y de un lado al otro documentando con su cámara Canon, escenas, detalles y estelares jugadas de aquellos peloteros que comenzaban a identificarse como los Cazadores de Artemisa. Tal parecía si no un mexicano tradicional al que se está acostumbrado asociar, sino que con su “pinta”, parecía todo un europeo o anglosajón, que llamó la atención entre el público y que cuando alguien le preguntó quién era, respondió con su inconfundible voz mexicana: ¡Yo soy periodista de Artemisa! Al decírmelo recuerdo le dije: ¡Tú estás loco!, y sonreímos. Seguro que nadie le creyó, pero después los bautenses también le pedían: “¡Periodista retrátenos!”.

En medio de la vorágine del último partido, le dije: ¿Mario a quien tú le vas?¿cuál es tu equipo?, donde el intruso y buen amigo mexicano, que tal parecía un californiano estadounidense, me respondió emocionado: ¡Todos les vamos a Artemisa! ¡Qué bien pitchea el Jonder!y terminóconfesándome con mucho cubaneo e igualmente orgulloso, de haber disfrutado aquellos partidos en el suelo patrio bautense: ¡Asere que bueno está ese equipo artemiseño!

con jonder martinez 2012 (1) (Large) (Large)traslado 002 (Large)denyssanjorge@gmail.com

Callejón de los Perros/Bauta

septiembre/2016

FOTO 1: (de izquierda a derecha) los pitcher Yadier Pedroso, quien falleciera en un accidente tiempo atrás; a Miguel Alfredo, mi hermano Evelio, Jonder Martínez y el alquizareño Yulieski González.

FOTO 1:(de izquierda a derecha) Mi hermano Evelio, el estelar pitcher artemiseño Jonder Martínez, dentro de mi casa, en el Callejón de los Perros.

FOTO 3: El mexicano amigo y fotógrafo Mario Montalván al centro de la foto. (de izquierda a derecha)los pitcher Miguel Alfredo, Lahera, Jonder Martínez y Yulieski González.

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El día que brinqué… al norte

mexico 2010 (47) (Large)POR Denys San Jorge Rodríguez

No hay dudas que cuando un cubano va a viajar al exterior… se protege. ¡Claro! Por si acaso, “se salvaguarda y muy bien” con todo lo posible sobre la faz de la isla que va desde un resguardo de Yemayá, hasta un baño espiritual con flores bien blancas, o un azabache, o un Ojito de Santa Lucía, quizás una tirita algo roja, un elegguá y lo más importante… un diente de ajo.                                                         Cuando me invitaron a exponer en Marzo del 2010 a Tecate en México recordé de pronto a Yunquiel, un amigo bautense que un día fue y brincó a los Estados Unidos por ahí mismo. ¡Quizás según Yunqui debía protegerme! El Yunqui, como le decíamos en el barrio lo recuerdo como algo increíble. El Yunqui, me dijo que llevó en su viaje de no retorno varias “prendas”, según él había brincado al norte por problemas económicos y allí, en Tecate fue donde tiró un diente de ajo de su huerto personal de La Minina en Bauta donde vivía, pero también tiró uno al salir de Cuba, otro cuando entró al aeropuerto del DF. igual, y también al salir de territorio mexicano tiró su último diente de ajo que llevó de Bauta. Este último me dijo lo sembró allí en la tierra en el suelo gringo. Bien profundo para que floreciese. ¿Cómo era posible? Gastar ajo, y probar para que otro obtuviese su cultivo en tierras desconocidas, con los tremendos precios del ajo de la isla.                Pero un viaje a México, a exponer en la frontera con los Estados Unidos puede resultar una fiesta innombrable. Cuando me invitaron a exponer en Marzo del 2010, decidí no pensar como mi amigo Yunquiel que tanto se auto protege, se lo dije y muy emocionado me pedía que llevara un dientecito de ajo, por si acaso y si yo… decidía algo. ¿Qué podría decidir? Quedé en silencio viendo aquel mensaje electrónico, donde me pedía que tirase un diente de ajo al salir de Bauta, otro a punto de salir de Cuba, uno al llegar al DF y otro en la galería donde expondría… Recuerdo que se despidió amistosamente enviándome un fuerte abrazo como… “Yunquiel alias el Ajo”. ¿Pero Ajo? El ajo está muy caro Yunqui, menos comprar una ristra de ajo completa, no se puede estar comprando ajo para botar en cada esquina por un gustazo espiritual, siempre he pensado eso pero Yunquiel no. Allí expondría en la Galería de Tecate, de Baja California mi muestra fotográfica Habana Tomada, con más de una docena de fotografías que representaban todo ese posible y real abanico del consumismo norteamericano en Cuba, y que yo veía a mi alrededor en los cumpleaños de los niños…                      Los cumpleaños de los niños… en la isla, puede resultar alarmante. Los padres retratan a sus hijos y después le piden por encargos a los fotógrafos que en Fotoschop les peguen superhéroes como Batman y Spiderman, animados de Disney, princesas, monstruos como Shrek y hasta villanos. ¿Por qué? ¿Cómo es posible? Inspirado en esta diatriba realicé mi serie Habana Tomada, que si bien exageraba algo la situación, era en sí mi complicidad al gesto noble de los padres y la acción por encargo del fotógrafo comercial en cada barrio cubano.  Pero en Marzo del 2010 salí de viaje y no usé ajo, llegué al norte de la frontera tecatense invitado por la gran artista mexicana Laura Castanedo. Un viaje a México DF. y ver su fastuosidad desde el aire es impresionante, fui a Toluca y después de perder un vuelo llegué una noche a Tijuana y en una guagua fui al día siguiente hasta el pueblo de Tecate. En ese viaje fui viendo la frontera herida con cruces que evocaban los miles de muertos en ese inmenso muro y del otro lado aquel… ahora nuestro “antiguo enemigo”.                                           Hace unos días corrían las noticias por todo el planeta: “Se abrirán embajadas en Washington y La Habana a partir del 20 de julio”. Mi amigo Yunquiel, me escribió desde California aclarándome que el Presidente Barack Obama debía tener un buen diente de ajo que lo protegiese y sino él se lo fabricaría con orishas africanos, que la cosa no se podía joder y que él invocaría con ajo… me comentó además que él a pesar de haberse ido, pedía por Obama: “Pá que tó esto se diera! ¡Pa que no se echara pá atrá! ¡Pá que nadie lo jodiera!                               Obama, decía al Mundo que Este es un paso histórico”, lo dijo a la Humanidad entera y confesó: “Pido al Congreso que dé pasos necesarios para levantar el embargo que impide a los americanos viajar a Cuba (…) Hay estadounidenses que quieren viajar a Cuba. Hay empresas estadounidenses que quieren invertir en Cuba”. Lo dijo junto al Vicepresidente Joe Biden, en el Rose Garden de la Casa Blanca y Yunquiel me escribía emocionado desde Playas de San Diego al instante donde tenía un huerto de cultivos de ajo bajo paneles solares de última generación, en lo alto de un rascacielos.              Anteriormente estuve en el 2007 con Nelson Herrera Ysla y dos amigas más. Recuerdo que en aquella ocasión no llevé ningún diente de ajo, también en Tijuana brincamos al norte y nos retratamos con un pie en México y otro en la arena que llevaba a Playas de San Diego. De allí le traje a mi vecina Florencia una piedra del suelo norteamericano, me las pidió y yo no le pregunté, solo se las traje. Pensé en mi amigo bautense más conocido por Yunquiel alias el Ajo, que toda su vida la ha basado en el ajo como solución de vida y salvamento. Traté de buscar aquel retoño insular o aquella mata que de seguro había florecido en el punto fronterizo tecatense, y que según Yunkiel me aclaró: ¡Mi matica de ajo Denys! ¡Búscala que seguro floreció y retrátate con ella! Miré a mí alrededor y no encontré nada, el ajo bautense-cubano en Tecate no floreció…                                                                                                   Miré a mi amiga Giovanna y su esposo Cesar mientras me retrataban más allá de la reja de hierro, justo al lado de la bandera estadounidense y sonreí a la cámara fotográfica. Sonreí mirando la ruta por donde caminó un día mi amigo bautense y suspiré. Yo decidí regresar a Bauta con mucho orgullo, y regresaba con aquella imagen preciosa en la frontera tecatense. Salía de allí directo a tomar una cerveza Tecate en el centro del pueblo que daban gratis al entrar a la propia fábrica.                                                                                              El día anterior Habana Tomada se inauguró y había quedado hermosa. Mi amigo Emilio escribía en su web “Tecate tomada” con mucha lucidez y yo tenía en mi bolsillo una buena cabeza de ajo que compré en el mercado y que prometí a mi amigo bautense que vivía en Playas de San Diego. Pero ni la usé, menos la tiré en ningún punto acordado para mi protección. Tomé no solo el diente de ajo, sino la cabeza de ajo completa que había llevado, y no lo sembré en el suelo desértico del norte de Tecate como acordé con el buen amigo bautense Yunquiel, solo lo tiré bien lejos del otro lado y muy cerca y a los pies del guardia fronterizo que tenía un M16 en sus manos. El tipo no se percató nunca del ajo al lado de su bota, pero si tenía una cara de tranca del carajo. Era sin dudas… mi espaldarazo a la Ley de Ajuste Cubano.

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Callejón de los Perros/Julio 2015.

Yo también quiero un ferry por Playa Baracoa

 

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POR Denys San Jorge Rodríguez                                                                   La anciana nos miró fijamente cuando escuchó del ferry Florida-Habana aquella mañana, se acercó a nuestro lado. Ella, no había escuchado la noticia. Pude percatarme que nos miraba detenidamente como conversábamos.
Debatíamos entre un grupo de amigos en Playa Baracoa, y éramos solo un grupo de amigos de distintas formas de pensar y de distintos salarios. Entre los que estábamos allí se encontraba Octavio que increíblemente ha prosperado mucho después que se hizo ciudadano español y ha viajado medio mar Caribe y América del Sur en avión con la condición de “mula”, trayendo ropas, accesorios de motocicletas, televisores, DVD, blúmeres con calenticos, marbellines y delineadores plásticos al por mayor…etc. También se encontraba Luisito mi amigo filólogo graduado de la Universidad de La Habana que igual que yo “pasamos un tremendo cable”, y también Yandy un amigo pintor graduado de Instructores de Arte que siempre ha realizado unas impresionantes marinas al óleo sobre lienzo.                                       Este último comentaba que no veía futuro en el dichoso ferry, aclarando que siempre ha visto a sus padres (unos obreros honestos y revolucionarios) luchándola mucho, y al final no habían logrado nada y simplemente no quería verse en ese triste final. Quedamos serios. Nunca Yandy se había manifestado así tan al descubierto.      Hablábamos del posible ferry que vendría desde aquel “antiguo enemigo”, y la esperanza latente se nos podía ver en nuestros ojos. Algunos suspiraban imaginando la desaparición de la Ley de Ajuste Cubano y el fin del Bloqueo que ya hacía falta. Otros que al fin nos daríamos las manos y danzaríamos entre amigos, enemigos y nuevos vecinos. Octavio, siempre ha aclarado que para este gobierno no va a trabajar nunca, pero que tampoco se va y comenta orgulloso que nunca ha ido a ningún acto político o desfile. Él es un tipo raro. De pronto comentó que cuando comenzara a funcionar el ferry, el sería el primero en irse un fin de semana entero con su esposa, que estaba loco por ir a visitar la tremenda “yuma” y que iría en el viejo almendrón de los años cincuenta de su abuelo, nos aclaraba a todos que él ya tenía pasaporte español y una buena fortuna guardada acumulada en sus viajes como mula a Perú, Ecuador, Dominicana… que comenzaría a viajar ahí, para quizás trasladar contenedores a la isla e iniciar el negocio de cuentapropista en esa rama, o para comprar mercancías y fomentar algún negocio privado en Bauta desde Miami, y simplemente lo aclaraba que él no se iba a ir, pues sabía que a él le iba a ir muy bien cuando esto cambiara y pudiese ir a La Florida.                                 Otros comentaban de familiares exiliados que lloraban a diario y algún que otro como Yandy, nos declaró que también quería irse del país con sus ojos enrojecidos, cuando lo dijo quedamos serios, Yandy, simplemente quería trabajar duro, en lo que fuese para tener lo que quisiese. Trabajar y ayudar a su familia. Que no quería ser mula como Octavio, menos robar en Cuba, solo quería trabajar honestamente como sus padres le habían enseñado y así comprarse un carro, una casa, tener un televisor y un celular de última generación. Lo repitió en más de una ocasión.                                                                                   La anciana… se llamaba Hortensia y era una hermosa mujer con sus arrugas y sus cabellos blancos. Miró a mi amigo Yandy y le comentó: “Las cosas están cambiando, no se precipiten no se vuelvan locos, verán que este país va a mejorar, será el mejor de América. Quien sabe y antes que muera puedo ir como mismo lo hacía en la década del cincuenta junto a mi esposo Vicente en el Chevrolet de 1956 que se compró trabajando muy duro en la Textilera Ariguanabo”. Quedamos con seriedad escuchando a la hermosa anciana sobre aquella época. Más cuando aclaró: “Yo lo que quiero es un ferry por Playa Baracoa”.                                                    Sonreímos. ¡Podría ser maravilloso! Por Baracoa, por Bauta… Hortensia, sonreía. Tenía un sueño muy arraigado al pasado. Un sueño hermoso. Comenzó a contarnos como cada año iba junto a su esposo en el ferry Florida-Habana, de cómo pasaron su luna de miel allá en Connecticut, de cómo iban a realizar sus compras navideñas a Estados Unidos y como en ocasiones decidían hasta ir un fin de semana completo de paseo al norte luego de salir de su jornada laboral en la Textilera de Cayo de la Rosa. Nos comentó de pronto que tenía en casa una vieja foto y de fondo se veía el Morro de La Habana, era una foto que guardaba con recelo, de ella en los brazos de su madre y junto a su papá, cuando a finales de la década del veinte viajó con ellos por primera vez en el Vapor Virginia. Nos comentaba de otros viajes en otros vapores, en los que cruzó en Golfo de México, en el California y en el Pennsylvania. Que cubrían la ruta desde La Habana a Key West o Port Tampa, haciendo escalas en las principales ciudades americanas. Era una costumbre viajar en el ferry desde niña. Era su alegría. Después lo hizo en su juventud con su esposo Vicente en el moderno ferry The City of Havana.                                                                                                Otro amigo reunido allí y de nombre Pedrito alias La Anguila que también es mula, miró a la anciana: “Mi abuela usted se imagina, bueno eso del dichoso ferry no lo creo mucho, además se necesitaría igual la visa esa, mire mi abuela que llevo tiempo luchándola para ir a la “yuma” a traer unos trapos que allí son más baratos, y esos americanos me ha negado la visa más de cuatro veces, y mira que le he tirado a la brujería con todo a esos yanquis… y nada, solo he podido viajar al Ecuador”.                        Yandy, no hablaba, no le gustaba hablar de política. Siempre ha ido a todos los desfiles, a los actos políticos. Nos aclaraba que era por una cuestión económica. Que su vida no estaba dando los resultados soñados, que no tenía ningún ancestro español para hacerse un pasaporte y tener un “escape” como nuestro amigo Octavio y veía a su lado como “otros” sin estudiar, sin trabajar honestamente lograban cosas que sabía nunca iba a tener. Simplemente él, no veía futuro en los cambios producidos después del pasado 17 de diciembre. Hace pocos días me dolió cuando me enteré que emigró, pues sé que prometía mucho, es un talento y le tengo un gran aprecio, fue primero para México y cruzó por la frontera de Tecate a San Diego. Recuerdo cuando yo estuve ahí, en ese mismo punto fronterizo y brinqué tirándome una foto con la bandera estadounidense del otro lado, del lago gringo, y después regresé a la isla. Estoy aquí.                                   Luisito, mi amigo el filólogo graduado de la Universidad de La Habana se fue a Europa. Me dolió sobremanera cuando no regresó más. El no quería irse de Bauta. Ahora residen en Barcelona y ayuda a sus padres como también lo hace Yandy, desde Miami.                                         Octavio, viaja constantemente a Dominicana y regresa todas las semanas como mula, ahora está construyendo una tercera planta encima de su casa y vende todas las ropas y marbellines por el barrio y sigue viendo los programas de mal gusto por el DVD que siempre le criticamos. Sigue sin ir a ningún desfile.                                                  Yo también espero. Espero un cambio. Sé que este país puede prometer mucho. Pero soy como mi amigo Yandy, que no quiso robar, pero sueño igual con que caigan todos los odios, y entre igual un ferry por la costa bautense… que entren muchos, otros igualmente por Playa El Salado, por Santa Fé, por Jaimanitas y por Cuba entera.                     De la anciana Hortensia, me han comentado que después de oír la noticia del ferry, va cada día al muelle de Fello más allá de Playa Habana cerca de la escuela Latinoamericana de Medicina y se sienta en el espigón con los pies dentro del agua, mientras el agua salada la acaricia, espera con la ilusión de que algún día atraque un ferry igual por nuestra Playa Baracoa.

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