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Yo también quiero un ferry por Playa Baracoa

 

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POR Denys San Jorge Rodríguez                                                                   La anciana nos miró fijamente cuando escuchó del ferry Florida-Habana aquella mañana, se acercó a nuestro lado. Ella, no había escuchado la noticia. Pude percatarme que nos miraba detenidamente como conversábamos.
Debatíamos entre un grupo de amigos en Playa Baracoa, y éramos solo un grupo de amigos de distintas formas de pensar y de distintos salarios. Entre los que estábamos allí se encontraba Octavio que increíblemente ha prosperado mucho después que se hizo ciudadano español y ha viajado medio mar Caribe y América del Sur en avión con la condición de “mula”, trayendo ropas, accesorios de motocicletas, televisores, DVD, blúmeres con calenticos, marbellines y delineadores plásticos al por mayor…etc. También se encontraba Luisito mi amigo filólogo graduado de la Universidad de La Habana que igual que yo “pasamos un tremendo cable”, y también Yandy un amigo pintor graduado de Instructores de Arte que siempre ha realizado unas impresionantes marinas al óleo sobre lienzo.                                       Este último comentaba que no veía futuro en el dichoso ferry, aclarando que siempre ha visto a sus padres (unos obreros honestos y revolucionarios) luchándola mucho, y al final no habían logrado nada y simplemente no quería verse en ese triste final. Quedamos serios. Nunca Yandy se había manifestado así tan al descubierto.      Hablábamos del posible ferry que vendría desde aquel “antiguo enemigo”, y la esperanza latente se nos podía ver en nuestros ojos. Algunos suspiraban imaginando la desaparición de la Ley de Ajuste Cubano y el fin del Bloqueo que ya hacía falta. Otros que al fin nos daríamos las manos y danzaríamos entre amigos, enemigos y nuevos vecinos. Octavio, siempre ha aclarado que para este gobierno no va a trabajar nunca, pero que tampoco se va y comenta orgulloso que nunca ha ido a ningún acto político o desfile. Él es un tipo raro. De pronto comentó que cuando comenzara a funcionar el ferry, el sería el primero en irse un fin de semana entero con su esposa, que estaba loco por ir a visitar la tremenda “yuma” y que iría en el viejo almendrón de los años cincuenta de su abuelo, nos aclaraba a todos que él ya tenía pasaporte español y una buena fortuna guardada acumulada en sus viajes como mula a Perú, Ecuador, Dominicana… que comenzaría a viajar ahí, para quizás trasladar contenedores a la isla e iniciar el negocio de cuentapropista en esa rama, o para comprar mercancías y fomentar algún negocio privado en Bauta desde Miami, y simplemente lo aclaraba que él no se iba a ir, pues sabía que a él le iba a ir muy bien cuando esto cambiara y pudiese ir a La Florida.                                 Otros comentaban de familiares exiliados que lloraban a diario y algún que otro como Yandy, nos declaró que también quería irse del país con sus ojos enrojecidos, cuando lo dijo quedamos serios, Yandy, simplemente quería trabajar duro, en lo que fuese para tener lo que quisiese. Trabajar y ayudar a su familia. Que no quería ser mula como Octavio, menos robar en Cuba, solo quería trabajar honestamente como sus padres le habían enseñado y así comprarse un carro, una casa, tener un televisor y un celular de última generación. Lo repitió en más de una ocasión.                                                                                   La anciana… se llamaba Hortensia y era una hermosa mujer con sus arrugas y sus cabellos blancos. Miró a mi amigo Yandy y le comentó: “Las cosas están cambiando, no se precipiten no se vuelvan locos, verán que este país va a mejorar, será el mejor de América. Quien sabe y antes que muera puedo ir como mismo lo hacía en la década del cincuenta junto a mi esposo Vicente en el Chevrolet de 1956 que se compró trabajando muy duro en la Textilera Ariguanabo”. Quedamos con seriedad escuchando a la hermosa anciana sobre aquella época. Más cuando aclaró: “Yo lo que quiero es un ferry por Playa Baracoa”.                                                    Sonreímos. ¡Podría ser maravilloso! Por Baracoa, por Bauta… Hortensia, sonreía. Tenía un sueño muy arraigado al pasado. Un sueño hermoso. Comenzó a contarnos como cada año iba junto a su esposo en el ferry Florida-Habana, de cómo pasaron su luna de miel allá en Connecticut, de cómo iban a realizar sus compras navideñas a Estados Unidos y como en ocasiones decidían hasta ir un fin de semana completo de paseo al norte luego de salir de su jornada laboral en la Textilera de Cayo de la Rosa. Nos comentó de pronto que tenía en casa una vieja foto y de fondo se veía el Morro de La Habana, era una foto que guardaba con recelo, de ella en los brazos de su madre y junto a su papá, cuando a finales de la década del veinte viajó con ellos por primera vez en el Vapor Virginia. Nos comentaba de otros viajes en otros vapores, en los que cruzó en Golfo de México, en el California y en el Pennsylvania. Que cubrían la ruta desde La Habana a Key West o Port Tampa, haciendo escalas en las principales ciudades americanas. Era una costumbre viajar en el ferry desde niña. Era su alegría. Después lo hizo en su juventud con su esposo Vicente en el moderno ferry The City of Havana.                                                                                                Otro amigo reunido allí y de nombre Pedrito alias La Anguila que también es mula, miró a la anciana: “Mi abuela usted se imagina, bueno eso del dichoso ferry no lo creo mucho, además se necesitaría igual la visa esa, mire mi abuela que llevo tiempo luchándola para ir a la “yuma” a traer unos trapos que allí son más baratos, y esos americanos me ha negado la visa más de cuatro veces, y mira que le he tirado a la brujería con todo a esos yanquis… y nada, solo he podido viajar al Ecuador”.                        Yandy, no hablaba, no le gustaba hablar de política. Siempre ha ido a todos los desfiles, a los actos políticos. Nos aclaraba que era por una cuestión económica. Que su vida no estaba dando los resultados soñados, que no tenía ningún ancestro español para hacerse un pasaporte y tener un “escape” como nuestro amigo Octavio y veía a su lado como “otros” sin estudiar, sin trabajar honestamente lograban cosas que sabía nunca iba a tener. Simplemente él, no veía futuro en los cambios producidos después del pasado 17 de diciembre. Hace pocos días me dolió cuando me enteré que emigró, pues sé que prometía mucho, es un talento y le tengo un gran aprecio, fue primero para México y cruzó por la frontera de Tecate a San Diego. Recuerdo cuando yo estuve ahí, en ese mismo punto fronterizo y brinqué tirándome una foto con la bandera estadounidense del otro lado, del lago gringo, y después regresé a la isla. Estoy aquí.                                   Luisito, mi amigo el filólogo graduado de la Universidad de La Habana se fue a Europa. Me dolió sobremanera cuando no regresó más. El no quería irse de Bauta. Ahora residen en Barcelona y ayuda a sus padres como también lo hace Yandy, desde Miami.                                         Octavio, viaja constantemente a Dominicana y regresa todas las semanas como mula, ahora está construyendo una tercera planta encima de su casa y vende todas las ropas y marbellines por el barrio y sigue viendo los programas de mal gusto por el DVD que siempre le criticamos. Sigue sin ir a ningún desfile.                                                  Yo también espero. Espero un cambio. Sé que este país puede prometer mucho. Pero soy como mi amigo Yandy, que no quiso robar, pero sueño igual con que caigan todos los odios, y entre igual un ferry por la costa bautense… que entren muchos, otros igualmente por Playa El Salado, por Santa Fé, por Jaimanitas y por Cuba entera.                     De la anciana Hortensia, me han comentado que después de oír la noticia del ferry, va cada día al muelle de Fello más allá de Playa Habana cerca de la escuela Latinoamericana de Medicina y se sienta en el espigón con los pies dentro del agua, mientras el agua salada la acaricia, espera con la ilusión de que algún día atraque un ferry igual por nuestra Playa Baracoa.

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