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Fito Pimpollo y la 12 Bienal de La Habana

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POR Denys San Jorge Rodríguez

Fito Pimpollo, ve el periódico Trabajadores en sus manos y me mira serio. Me aclara que yo no cambio, que sigo con la misma historia con los hierritos, con las arandelas y las herramientas sobre las planchas de metales. “¡Hasta cuando macho! ¡Hasta cuando con el cuento este! ¡Ponte a pintar paisajes carajo, deja esos hierros que no te dan ná!” Me dice y quedo en silencio. Vuelve contra mí muy seriamente: “¡Ahora es la palabra Patria! ¿Qué coño será mañana? ¿Revolución? ¡Ni se te ocurra tirar un chiste con esa palabra!” Me lo dice y me aclara además que el no entiende ese arte que yo hago con los hierros, menos que intente coquetear con la política, que lo que debo hacer es pintar como su nieto Pablito, pintar… misiles surrealistas o palmitas insulares.

Al viejo Fito Pimpollo, nunca le gustó la idea que su nieto graduado en la escuela de arte le vendiera cuadros a extranjeros y menos en su casa en Caimito del Guayabal. Menos si eran… “americanos”. Cuando un cliente venía interesado y si era norteamericano of course, el viejo Fito Pimpollo simplemente le aclaraba: “¡Pablito esos cabrones son del imperio, mira ver tú con esos enemigos aquí en mi casa!”, el abuelo no dejaba al muchacho solo frente “aquel” campo de batalla. Iba y se sentaba a oír como los yanquis coleccionistas comentaban sobre las obras del joven artista. Se sentaba a oírlos de chaperón y cuando el nieto le pedía que hiciera un poco de café, él le aclaraba simplemente que al imperialismo ni un tantico así… ni de café. Que si lo dejaba, los envenenaría a todos con el café de la bodega y una pizca de sal de nitro.

Pero todos esos clientes del norte que han pasado por la sala en Caimito del Guayabal y frente a la mirada seria y cerrada del viejo abuelo, no saben que el viejo Fito Pimpollo no es un cubano y viejo cualquiera. ¡No! Fito Pimpollo, ahí ya viejo cuando estaba joven luchó contra la dictadura batistiana, combatió en la lucha contra bandidos, en Girón y cuando la Crisis de los Misiles fue protagonista de un hecho que trascendió la historia del pueblo en que nació.

Menos saben, “esos clientes del norte” que han venido a comprar los cuadros de su nieto, que el veterano Fito Pimpollo y con varias medallas a cuestas por cortar caña en la Zafra del Setenta, tuvo el privilegio que un gran escritor de su localidad como Francisco García González, un día lo escuchó en el parque municipal contándole a otros viejos de cuando venía manejando aquel KP3 ucraniano, que encima cargaba un misil de largo alcance cuando este se volcó por culpa de una vaca, en la curva a la salida en Caimito del Guayabal y fue a la cuneta incrustándose hasta chocar con una palma real que atravesó el motor del vehículo, a punto de provocar otra Hiroshima en el kilómetro 36 de la carretera central.

¿Cómo sería posible? Encontrar un anciano así entre aquellos viejos tirados en un rincón del parque, tomando ron y fumando. Muy solos leyendo el periódico provincial. Pero siempre hay alguien al acecho cazando una historia sugerente, interesante y novedosa, y ahí estaba ese escritor en el parque en su momento justo esperando un camión para ir a Bauta, un escritor que se inspiró entonces en el viejo Fito Pimpollo, aquel héroe local y olvidado por volcar el KP3 por no querer matar una vaca nombrada Chola, un anciano que hablaba ahora de la gesta y que por poco detona nuestro holocausto sin lograr el objetivo en aquellos trece días al borde de una contienda mundial. Francisco, le realizó un cuento, más no podía hacer ese talentoso escritor, el no era un escultor, no podía edificarle un pedestal, eso era tarea de otros si la querían, tarea que nunca sucedió claro está pues el viejo Fito Pimpollo en sí… no fue un héroe, solo cometió el grave error de dejar voltear el misil nuclear por aquella vaca, cuando su superior se enteró en aquellos días le dijo ¡Fito al carajo la vaca Chola cojone! ¡Coño mira ver que por poco nos vamos nosotros primero que el Kennedy ese! Entonces el escritor si le hizo un cuento, en sí un minicuento hermoso y nombrado: “En el kilometro 36”, donde Fito Pimpollo plasmaba sobre un misil soviético y con un pedazo de metal su nombre en el acero que cubría las ojivas nucleares que vinieron desde Moscú, no dibujó la vaca Chola a su lado pues no sabía dibujar, pero si plasmó su nombre. Fue una historia épica y real al borde del holocausto atómico, que desde La Loma del Esperón en Caimito del Guayabal se pensaba desaparecer el norte enemigo. Un cuento que al viejo Fito Pimpollo, le fascinó cuando lo vió publicado y al leerlo le dijo al escritor: “¡Así mismito fue, lo dibujé con la bayoneta! ¡Oiga y qué duro e´taba el acero eh pinga ese del misil soviético! ¡La bayoneta no lo arañaba nada!”, y el otro “pícaro al fin” le escribió un guión cinematográfico además y después devino en filme entonces bajo la dirección del director cubano Daniel Díaz Torres, una narración que bajo el nombre de Lisanka, Fito Pimpollo vió su simple acto de arañar aquel metal soviético en su juventud como algo maravilloso, ahora convertido en una obra de arte que transitaba por todo el mundo en cines y en libros.

Su nieto Pablo, es pintor y es un joven artista de una nueva generación de cubanos, que inspirados en hombres como su abuelo Fito Pimpollo, están en el momento oportuno del curso de la historia entre las relaciones entre Cuba y los EE.UU. El viejo Fito Pimpollo, siempre le ha criticado esas ideas al joven artista de venderle al enemigo norteamericano y más, sus obras inspiradas en la heroicidad familiar de él cuando joven con el misil soviético, dibujando en plena Crisis de los Misiles sobre un cohete nuclear, agobiado por el calor y el estrés constante al sacrificio humano que se vivió por la libertad de la isla también en Caimito del Guayabal. “¡Al enemigo ni un tantito así!” siempre se lo ha dicho su abuelo. Se lo ha repetido mil vecez aclarándole que lo dijo un gran hombre. Es verdad. Pero después del 17 de diciembre en que se tomó un nuevo rumbo en el país. El viejo Fito Pimpollo, ha cambiado algo su mentalidad y la ilusión del nieto Pablito de “atrapar” un coleccionista norteamericano que le compre y que ayude su vida ha crecido de sobremanera en la casa en Caimito del Guayabal, lo primero que hizo el joven artista fue iniciar una limpieza espiritual y hasta él mismo abuelo de pronto lo ha comenzado a ayudar a preparar su exposición para el mes de mayo, el viejo Fito Pimpollo cortó hasta el árbol de cedro que había en el patio de finales del Siglo XIX de la casa en Caimito del Guayabal, un cedro glorioso para que su nieto hiciera sus bastidores y oí que le dijo hace poco: “Pablito, si tiene que ser un coleccionista norteamericano, yo prefiero que sean de Chicago, por lo trabajadores que un día en esa ciudad se enfrentaron en huelgas y se hicieron mártires”.

El nieto sonrió, estaba contento por el apoyo del abuelo con el cedro familiar de antaño y el viejo Fito Pimpollo, no sabe que ya Pablito está preparado para el enemigo con sus obras conceptuales. ¿Cómo es posible? Que el viejo Fito Pimpollo cambie de un día a otro. Pero como se aproximaba la Bienal de La Habana, Pablito apresuró su mano y realizó casi un centenar de obras inspiradas en la gesta heroica de su abuelo con el misil ruso, bajo el título de: “Abuelito, la vaquita Chola y los 36 kilómetros entre misiles en Caimito del Guayabal”. Obras con la idea de atrapar a algún coleccionista del norte y que le compren sus composiciones inspiradas en el viejo abuelo. Una historia interesante. Novedosa, Que ha tenido éxito ya en la literatura y en el cine cubano. ¿Por qué no llevarla entonces a las artes visuales? El nieto sabe lo que hace, sabe que está en el momento justo. La avalancha de coleccionistas contra la exótica isla, los otros que quizás vengan del propio Chicago… (como quiere abuelo) a comprar a los jóvenes artistas y él, que no quiere quedarse atrás, menos en su natal Caimito del Guayabal. Pinta entonces palmas y misiles, la propia vaca Chola con ideas surrealistas entre kilometrajes por la carretera central, palmas para vender, misiles pál inglés, vacas que vuelan…

Pero su nieto en las nuevas circunstancias ha creado un estudio en el Vedado con la idea de atrapar a algún coleccionista, pues a Caimito del Guayabal nadie va a llegar y hasta allí también ha ido a visitarlo su abuelo Fito Pimpollo, y también a recorrido la 12 Bienal de La Habana.

Hace unos días me dijo que estuvo en varias exposiciones con su nieto, me dijo que las obras que vió les resultaron maravillosas, que los artistas amigos de Pablito eran ocurrentes, atrevidos y que patinó hasta en La pista de hielo del artista norteamericano Duke Riley, que pusieron en Malecón y Belascoaín. ¿Cómo es posible? Quedé con duda. ¿Fito y tú… estuviste en la pista de hielo del norteamericano? Le pregunté asombrado y me aclaró con un sí sonriente comentándome que le recordó cuando patinó en Moscú. Estaba feliz. Había patinado una vez más y junto a su nieto bajo el calor insular.

El viejo Fito Pimpollo aunque no le gusta la idea de su nieto por la capital solo dando su pellejo para los turistas extranjeros, espera impaciente la inauguración del muchacho mientras le sonríe apoyándolo y le aclara: ¡Pablito cuando to´ esos amigos norteamericanos vean allá en el Vedado, en tu estudio todas tus palmas volando y los misiles inspirados en mí sobre tus lienzos, vendrán de segurito hasta Caimito del Guayabal, a conocerme en persona y caminar sobre el mismo Kilómetro 36, que tanto ha inspirado a la literatura, al cine y al arte cubano!… ¡Ambicionarán llegar donde un día pudo explotar aquel misil soviético que sin salir de Cuba iba a acabar con el propio Kennedy y con nosotros mismos! ¡Oye… y si son americanos los coleccionistas, tráelos que nuestra casa es su casa… y que yo mismo les hago su cafecito cortadito!

 

 

 

 

 

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