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En libros desenterrados… los misterios descubiertos

Corbea.. ARIGUANABO REVISTA febrero 1948 007

POR Denys San Jorge Rodríguez

Un libro, un recorte de prensa (aunque sean minúsculos), un periódico de décadas atrás, un diario personal o un folleto cualquiera de la serie de: “Raros y Valiosos” de una posible biblioteca o un archivo personal; y con ellos un vestigio de la propia historia rescatada del olvido, del ostracismo o restaurados con el noble propósito de que no quede en la desidia o el abandono, es un tesoro valiosísimo.

Su legado y la importancia dentro del patrimonio local, nacional o universal para generaciones que preceden a contemporáneos y esa historia encontradas se convierte en un hecho trascendente y de por sí… muy misterioso.

Cuando comencé por los predios de Cayo de la Rosa y por callejuelas de Bauta inspirado en hacer “algo” con la historia local, decidí desde el inicio, registrar en esa gaveta que es la memoria y el olvido, sin saber quizás las sorpresas con aquella frase del poeta español: Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Para mi asombro surgieron fotos, documentos, páginas rasgadas, recortes amarillentos de imágenes y disímiles objetos que sin dudas hicieron crecer mi interés aun mas por esa cultura local que para muchos a quedado en el pasado y para mi cada objeto o documento encontrado se convertía en mi fiesta innombrable.

Mi amigo el periodista Miguel Terry Valdespino escribía con un excelente título Soñador en la Avenida Dayton Hedges una reseña crítica al verme apasionado sobre mi novela en torno a Cayo de la Rosa y yo tocando puertas, entrevistando viejos veteranos textiles, esos hombres y mujeres que vivieron la República y que también fueron obreros vanguardias dejando plasmado: “Bauta entera guardaba, de manera cómplice, una historia que se negaba a morir entre la abulia y el desgano del depredador y el “bostezador” contemporáneo de la Isla de Cuba”. Era verdad.

En este andar, caminando por Bauta y por su pueblo textilero en medio de su laguna seca y borrada del mapa, surgieron libros importantes y folletos con extintas ediciones y en ellos para mi asombro un día encontré un libro valioso y extinto, Con la Kodak del recuerdo, que también hablaba de aquel Batey textil en una reseña nombrada: Un Callo que no duele ni molesta, ahí su autor el historiador René Valdés Acosta, un intelectual y ejemplar masón que siendo bautense además e hijo de aquel noble e inmenso maestro Carlo Valdés Rosas al cuál yo con mi mirada acariciaba desde niño su busto en el parque municipal de Bauta y nombrado un día Parque Barreda, veía como entonces el historiador había sido consecuente en las circunstancias que le tocó vivir de inicios del siglo xx y agrupó la historia en torno a Bauta y su progreso, donde hoy muchos no saben su legado, sus letras y libros grandiosos, como esta Kodak del recuerdo… extinta y que un día el intelectual cubano y bautense amigo Abilio Estévez desde España me subrayaba comentándome que él tenía con orgullo una Kodak del historiador bautense que celosamente guardaba en su habitación en Barcelona, Abilio sabía bien la importancia de este documento, su legado.

Con la Kodak del recuerdo… mostraba la Bauta que emergía en los nuevos cimientos restaurados con el tesón y la voluntad de buenos hombres y mujeres criollos y otros emigrantes de pueblos cercanos y de otras naciones que fueron llegando a la comunidad durante la primera mitad del siglo xx nucleándose en torno a sus sueños, quienes fueron fundadores de un nuevo pueblo, con sus Logias, asociaciones fraternales y de distintas sociedades. Mostraba entonces Con la Kodakla Bauta después de una cruenta guerra contra España, un pueblo sufrido de desolación e incendios, de exterminio weyleriano y de la valentía de sus próceres locales .

Seguí una pista tras otra de la historia local, con la constante fe de que …se hace camino al andar, encontrando esas viejas revistas Ariguanabo de la etapa republicana en Bauta donde se mostraban en todas sus ediciones los aportes de todas las Logias locales en la población y colegios, de Becas que ofertaban, y hace tan solo unos días de este febrero ya después de haber terminado mi novela y ahora en la faena de filmación del documental Cayo de la Rosa, un Paraíso Textil, surgió una nueva pista y muy interesante en una revista Ariguanabo de aquellos obreros y empleados de la otrora Compañía Textilera Ariguanabo S.A. del viejo Dayton Hedges, una hermosa revista de febrero 1948, que para mi asombro en sus páginas perfectamente conservadas surgió en una fotografía un nombre y un gran bautense que un día conocí estrechándole la mano a finales del 2006, y me dijo con orgullo que era masón mientras me mostraba una sonrisa, después supe que lo nombraban con afecto: El Masón de las bolitas blancas y en esa revista lo premiaban por no haber faltado un solo día en el año 1947 a esa fábrica textil de los dueños americanos, hecho que repitió toda su vida hasta retirarse. El amigo Luis Corbea. Un obrero vanguardia, un ciudadano y masón ejemplar que hace tan solo dos días de este febrero cumple dos años de fallecer y de que lo vi por última vez esa noche en la Logia Salvador Cisneros de Bauta, En esa misma Logia creada el domingo 27 de febrero de 1915, en que ingresó igual un día el historiador René Valdés Acosta, en la misma que también formaba parte el poeta Julio Carrasco Herrera, y ahora lo veía retratado en una fotografía perdida de una revista desenterrada que un amigo me hizo llegar ahora en todo su esplendor, feliz y con un premio que recibía a su ejemplaridad y al verlo ahí en Ariguanabo… y recordar aquella vez primera vez que le estreché la mano tuve mis más profundas alegrías.

Hoy 27 de febrero, en que escribo estas líneas donde evoco de mi localidad libros extintos y grandes masones que por las coincidencias del destino han reaparecido así de pronto… sé que el rescate de la historia es una fiesta innombrable, me viene a la mente un libro fascinante de Eusebio Leal Spengler, el Historiador de la Ciudad de La Habana y es su libro: El Diario Perdido de Carlos Manuel de Céspedes, quien ha sido una de las figuras más importantes de la historia cubana y el iniciador de las Guerras de Independencia y este Diario Perdido…nos rescata ese patrimonio incalculable. Hoy en este febrero a los 142 años de su muerte en San Lorenzo ese Diario Perdido… como para mí lo es esa última revista Ariguanabo donde aparece inmortalizado ahí el amigo masón Luis Corbea, es ese Diario Perdido… una joya inmensa que muestra esas íntimas líneas de patriotismo, de valentía y de hermandades en los valles cubanos, como también de temores y sufrimiento. Se bien porque mi amigo el intelectual cubano Rafael Acosta de Arriba se ha cautivado tanto con la historia y la figura del Masón y Padre de la Patria que se alzó un día en La Demajagua, y en su libro: Los silencios quebrados de San Lorenzo, uno queda hechizado al leerlo y también quiebra al andar con la historia desenterrada y descubre que camina quizás por las mismas laderas de aquella sierra en el oriente y recuerdo cuando Acosta de Arriba me comentó que se le erizó la piel cuando hizo un estudio de campo y estuvo en el mismo lugar de San Lorenzo donde el Padre de la Patria que un día sacrificó a su hijo Oscar tuvo sus últimos días, semanas y horas… y me dijo que solo miró al despeñadero en aquellos valles misteriosos por donde un día caía a la inmortalidad aquel glorioso cubano y ejemplar masón que defendió la libertad, la igualdad y la fraternidad de los hombres.

Callejón de los Perros/Bauta

Febrero 27/2016

FOTO: El empresario Burke Hedges entrega al obrero bautense Luis Corbea (derecha) Premio a la Constancia en Cayo de la Rosa en 1948. (Revista Ariguanabo 1948)

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