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Los misterios fotográficos de Alejandro Ávila García

img_3980-large-largePOR Denys San Jorge

Güira de Melena, tiene sus encantos… una villa antigua, viejas casas de madera con tejas francesas y de estilo balloom frame, un ferrocarril, mujeres hermosas y campos inmensos que se pierden a la vista en colosales sembrados de malangas, con maquinarias y regadíos, que tiran vertiginosamente y humedecen la tierra, hasta más allá de sofocarla y esta se sienta agradecida.

También en sus calles uno puede apreciar como a diario hombres y mujeres, o emigrantes silenciosos, que van en el ir y venir, muy embarrados de fango con sus herramientas después de cultivar la tierra, y verle así la piel dura por el sudor e implacable sol, que como en una peregrinación crea la duda y el misterio del porvenir, el progreso con el éxtasis y el orgullo, o ese sentido inmortal de pertenencia a la tierra, como también a la felicidad y a su orgullo.

Güira de Melena, tiene entonces lugares privilegiados para captar fotos, escenas con sublimes planos y paisajes con excelentes contrastes, buenos encuadres y colores estridentes, que sugieren posteriormente los más disímiles títulos y los más interesantes cuestionamientos de la realidad.

Recientemente la Editorial Unicornio de la provincia de Artemisa, presentó su antología de cuentos: “Lavar y ser feliz”, en la pasada Feria del Libro. Para mi orgullo, la foto de portada titulada: Tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe ha causado su sensación y pertenece a un rincón de Güira de Melena y su autor, es un buen amigo de estas tierras. Es el fotógrafo Alejandro Ávila García, un amigo de esos de buena garantía y un gran artista del lente, que un día en su serie Los rastrojeros expuesta en su momento en la Galería Provincial de Arte Eduardo Abela, aún sin conocerlo pude apreciar lo de la tierra, el sudor y la gente de Güira de Melena, que labora y sufre con orgullo la tierra.

Fotos como, Que cada hombre aprenda a hacer algo de lo que necesiten los demás, atrapa, sus Retratos nos seducen y su serie, el Desmochador nos muestra lo cubano más allá del peligro del acto de ascender a la cima de una palma real, en su serie Hombres sobre Rieles impresiona el uso estridente de las luces y sombras, y un día frente a su serie Viajando con el Espíritu, quedé estupefacto… y tal parece o nos confunde, a una escena desgarradora, en plena terminal de ferrocarril de Güira de Melena.

En 2015, este impaciente artista guireño, fue el único cubano finalista entre 1.365 fotógrafos procedentes de 39 países participantes, en el Concurso y Exposición del XXI Concurso Latinoamericano de Fotografía documental “Los trabajos y los días”, en la Plazoleta del Centro Administrativo La Alpujarra de Medellín. Anteriormente con su obra Labriegos, en el 2014 obtuvo premio en el concurso fotográfico Miradas Telesur del Canal de Telesur.

Pero no solo es el tema el campo y la criollez, lo es también el mar y la Playa de Cajío es también otra inspiración. En Mayo de 2014, en la XI Bienal de Fotografía convocada por el Centro Provincial de Artes Visuales Eduardo Abela, una obra de su autoría obtuvo Premio de la UNEAC y el Premio del FCBC otorgado por la Filial Artemisa-Mayabeque del Fondo Cubano de Bienes Culturales.

El crítico y periodista Hernán Yglesias Villar afirmó: Este joven fotógrafo logra, desde una propuesta estética bien definida, traducir la realidad en instantáneas de un alto vuelo poético. Allí convergen las combinaciones de colores, el juego con la luz, las transmutaciones de las imágenes hasta recrear en ocasiones una atmósfera surrealista que van arrancando de la cotidianidad esos matices imperceptibles, casi recónditos que develan una emoción inusual.

Alejandro Ávila García, además de un excelente artista que esta hechizado con su buen olfato, al captar esas fotos que nos seducen sobre la faena diaria de su pueblo, de sus campesinos más humildes, que capta la dicha y la felicidad, el trabajo y el sudor, las energías y las tristezas, los agobios y el orgullo, como de los excelentes paisajes cubanos, es un buen amigo de esos de última adquisición.

Recientemente me mostró unas fotos impresionantes de esas que hacen pensar en medio de un pueblo de campo como Güira de Melena, Huachinango o el propio Bauta… pues Alejandro Ávila García, un apasionado a las cosechas y siembras, como a su campo guireño y a los misterios ocultos en los campos cubanos, sabe captar el momento justo, para apretar su obturador y en el lugar adecuado logra herir ahí quizás, donde la mirada nos conmueve, nos saca una lágrima con sus Labriegos, entre cultivos, entre palmas cubanas, entre tierra… bien cerca del paraíso en la Cuba profunda y fascinante, bajo todos los misterios posibles de la tierra que nos da la vida.

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libro-unicornio-copia-largetanto-va-el-cantaro-a-la-fuente-hasta-que-se-rompe-largeTanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe”, en portada de publicación artemiseña

denyssanjorge@gmail.com

Callejón de los Perros/Bauta

Noviembre/2016

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El síndrome de Babilonia

El sindrome de Babilonia (6)

Por Denys San Jorge Rodríguez

Yo me indigno cuando algo no me convence, y me enorgullezco cuando veo a otros que actúan con ese sentido increíble de pertenencia, con mucha identidad y con el patriotismo necesario para batallar contra lo mal hecho. Hace unos días llegó el amigo Tito Pepín a mi casa, un bautense con un gran sentido de identidad y nieto del viejo Prudencio Quintana, otro amigo campesino muy orgulloso de su Finca. Una finca hermosa nombrada La Lealtad y muy llena de frutales, mangos, mameyes, guanábanas, hasta peras y duraznos. Una finca que las veces que he ido he podido presenciar, que ahí sí saben proteger y amar la tierra.

Tito Pepín, llegó igualmente muy indignado y me hizo recordar ese día dos cosas, a un amigo bautense y veterano combatiente muy indignado por los árboles que crecían encima de lo que fuera la UJC Municipal de Bauta. La otra, me hizo recordar aquellas diferentes obras y muy geniales de artistas cubanos contemporáneos, donde de pronto comenzaron aparecer en instalaciones, fotografías y pinturas, una céntrica fachada en la Habana Vieja que trascendió con su arquitectura y un viejo cartel, que nos vislumbraba en todo su esplendor donde decía: LA MARAVILLA, y que encima crecía un árbol, que se hizo inmenso a través de las obras que inspiró y de los años que estuvo ahí. Qué ironía. Fue este lugar punto de enfoque del obturador de disímiles artistas posmodernos, pintores de feria que reproducían en serigrafía “pál inglés” y turistas extranjeros muy curiosos que inmortalizaron aquella escena en que maravillosamente se convertía la sociedad desquebrajada por las raíces demoledoras, y todos documentaban la destrucción natural sobre la mano inteligente del hombre cubano y tan capitalino.

Entonces Tito Pepín, me hizo recordar esto… cuando muy orgulloso en una memoria flash me mostró aquel documental sobre los Jardínes Colgantes de Babilonia, una de las Maravillas del Mundo Antiguo, aclarándome que lo sacó del dichoso Paquete. Fue un documental apabullante cuando lo vi. Creo sin dudas que El Paquete, contra algunos escépticos que puedan herirse si puede resultar, muy interesante. No todo ahí es malo… Es sin dudas un producto muy inteligente y Tito Pepín, a pesar de ser muy joven lo sabe, y sabe además cuidarse de su contenido, como buen joven revolucionario de este país.

Mientras conversábamos del documental que circulaba pude percatarme que Tito Pepín, es un joven que siente y padece por su pueblo y me comentó de pronto muy pensativo: “La escultura que está a la entrada del pueblo no tiene nada que ver con los Jardínes Colgantes de Babilonia, pero le está creciendo una matica… creo que es una mata de laurel en la misma puntica… y son destructivas”.

   Cuando un joven cubano piensa, puede resultar conmovedor e inteligente. Tito Pepín, sabía en su condición de Guajiro al igual que su ancestro, de la calidad destructiva y de las características de la mata que crecía como de la magnitud del problema en ese sitio, en “la puntica”. Sabía que esa rama u otras que crecían por diferentes techos en Bauta desde hacía ya, nada tenía que ver con los fascinantes Jardínes de Babilonia, menos con los que él y su abuelo promovían en su extraordinaria finca, pero si sabía que podía provocar algo muy demoledor. Era verdad y también algo muy parecido a lo que en Bauta crecía desde hacía ya años a un costado del Teatro, en la hermosa casa que fue un día de la UJC Municipal y que ya tiene hoy un bosque completo encima, que crece, crece, crece… y van lo cortan y vuelve a crecer, y mientras crece destruye la edificación, solo cortan y sale a la luz nuevamente, y que empezó igual por una ramita, como las mismas que están creciendo y se pueden ver encima de diferentes organismos estatales en Artemisa, en Güira de Melena, en el Tribunal de Caimito y otros en Guanajay… y digamos que en Cuba entera.

Recordé como hacía tan solo unos días atrás junto a Ezequiel Sánchez Silva y Álvaro Pérez, dos grandes amigos artistas, hablábamos sobre este tema allí frente a la escultura bautense. Debatimos en ese momento sobre el futuro de las obras emplazadas en la naciente provincia de Artemisa, sobre su variedad de estilos, “su calidad” y sacamos a tono, la que se encontraba a la entrada de Bauta y frente a nosotros. Una verdadera escultura, aprobada en su momento por CODEMA, donde “La Matica de laurel”, ahora crecía. Esta obra fue realizada junto a otras a pocos metros de ahí, por dos grandes artistas valencianos y amigos de Cuba a finales del siglo pasado en esta localidad. Dos esculturas colosales que nos seducen por su fascinante minimalismo, dos obras que pasan inadvertidas para muchos, pero son dos obras que se integran respetuosamente a su entorno y que al verlas podemos respirar un verdadero ejemplo de la escultura ambiental, que se ha realizado en esta provincia y mi amigo Juan Quintanilla, sabe a qué me refiero cuando de escultura se trata. Según Ezequiel y Álvaro, sus autores son Julian Abril y Vicente Ortiz, dos escultores valencianos que un buen día llegaron a este pueblo y esculpieron estas piezas donándolas para Bauta y este país.

Tito Pepín, si bien me comentaba muy herido de “La Mata que crecía en la escultura del artista español…”, quedó prendido de lo que vió y solo me hablaba de aquellos jardínes de Babilonia con su grandiosa y enigmática flora, que construyó aquel rey Nabucodonosor II, que se convirtió en una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, que han sido sin dudas algo fastuoso que trascendió como un obsequio histórico a la memoria de la Humanidad. Según Tito Pepín, él quisiese hacer eso en la Finca de su abuelo tan llena de frutales, de mangos, con mameyes y guanábanas sobre un césped tan hermoso que quizás no tengan nada que envidiarles a los jardínes del rey persa. Por mi parte sabía que era verdad.

Pero, jardín y maleza, son dos conceptos muy diferentes, y eso lo sabe mi amigo el veterano combatiente muy indignado que estaba orgulloso de su sede de la UJC en Bauta que un día se dejó perder, un hombre digno que luchó en Angola, que cree en Cuba y en su Revolución, asegurándome que tenía hasta ganas de ir “pá arriba” a dar la queja en La Habana, ya que aquí no hacía efecto. Pero la azotea de la otrora UJC en Bauta, no es el jardín que embellece, es la maleza que destruye. Menos lo que Tito Pepín, vio en el documental del Discovery, tiene que ver con los techos donde crece la maleza, el olvido y abraza el abandono con sus raíces al lado del Teatro de Bauta, y a las que yo he nombrado como El síndrome de Babilonia… desde hace un buen tiempo después de que vengo presenciando en diferentes instituciones estatales, el deterioro de algunas de las mismas y como padecen igualmente del síndrome que las abraza, que las consume. ¡La hierba crece y no la cortan! Así dicen muchos, y además mi amigo de los combatientes de Bauta muy colérico… ¿Qué está pasando? Si bien no es una maravilla, es nuestro patrimonio, y es un raro fenómeno de abandono a la vista de todos que viene acrecentándose en el país, es sin dudas el abandono por parte de diferentes organismos y funcionarios locales. Es síntoma del olvido y la desidia, como si la ramita que crece, no hiciera daño al país, o no importase… o fuese necesario, crear un desglosado presupuesto con años de antelación, armar una súper brigada capacitada, planificar grúas o importar un veneno mortal traído de la propia Amazona, o lo peor… destruir la edificación para eliminar el problema de “cuestionadores e indignados” en torno al problema. ¿Quién es el responsable? Pero tampoco son los jardínes que quisiese ver Tito Pepín en su finca, es la pérdida de sensibilidad de muchos que, si bien ven esta crítica, se escuden en justificaciones. Pero… ¿con la maleza, con la hierba y árboles que ha crecido ya durante meses, años… que excusa pondrán? ¿Acaso hace falta un cálculo para ejercer esta noble labor? Pero cortar maleza, árboles en los tejados y las raíces que se disipan en las paredes de fachadas o en “verdaderas esculturas” a ojos vista de todos, no es un trabajo sobrenatural.

Tito Pepín, a pesar de ser un joven guajiro, y de ver El Paquete, tiene una gran sensibilidad por su pueblo, por esta isla y una gran fe en su proceso revolucionario y deseamos que nuestra Cuba supere muchos obstáculos institucionales, burocráticos y “mentales”, como asegura el profesor Calviño, que dejan al menos que la hierba crezca en distintas fachadas como la antigua casa que fue de la UJC en Bauta, donde mi amigo el veterano combatiente se encuentra indignado con razón. Pero… ¿Qué pasaría si los escultores españoles Julian Abril y Vicente Ortiz vieran sus obras consumidas al ocaso por la maleza? Unas esculturas donadas un día como símbolo de la solidaridad con la isla cubana y a Bauta.

Creo que, si al paso que van estas matas con todas sus malezas, no lograran convertirse en una maravilla de la Humanidad, convertidas en El síndrome de Babilonia… si de seguro borrarán de la faz de la tierra y de la memoria de sus habitantes edificaciones y monumentos como lo hermoso que fueron, antes que dejaran que la maleza con sus raíces exterminadoras la consumieran y la vertieran al olvido entre los escombros, como La Maravilla que un día fueron, o la idea es borrar el ayer y una cosa cierta es por la culpa de los que aún… no se indignan ni se indignarán.

El sindrome de Babilonia. DENYS SAN JORGE (2)

Callejón de los Perros/Bauta

Abril/2016

FOTO1 y 2: Escultura en Bauta de los artistas españoles Julian Abril y Vicente Ortiz.