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Un libro concreto para una isla abstracta

Un libro concreto para una isla abstracta

1 Portada tomo I - copiaPor Denys San Jorge

Los proyectos de Luis García Peraza (Sagua la Grande, 1940), en el presente se materializan en Cuba, y se comenta de ellos en todos los puntos cardinales a gran velocidad, al tiempo que se distribuyen los libros por Amazon y se promocionan en Facebook, Linkedin y Twitter, nos seducen y enorgullece contra toda marea posible, que bien podría ser abstracta (a veces), en esta isla tan real… tan maravillosa, tan enigmática, de rumores que caen simulando manchas, o que impactan como visualidades ajenas que se enfrentan unas a otras sin sentido, como colores estridentes, o como complementarios que se enfrascan, a veces en un contrapunteo con los colores primarios diluyendo, o huyendo de los mejores sabores abstractos, para disimular así dentro de supuestas apariencias, con sus raras y escurridizas figuraciones, tratando de opacar o desaparecer esas abstractas y encantadoras provocaciones.

García Peraza, es un veterano amigo y un gran cubano que tuve el privilegio de conocer un buen día ya hace unos años, autor y amante de las artes visuales, como a su esposa, la editora Ana Victoria Fon, ahí en su casa de la calle G, en el vedado habanero. Peraza, un apasionado increíble del arte cubano y en especial del arte abstracto, comenzaba a gestar por aquel entonces varios proyectos ambiciosos de temáticas interesantes, ausentes de la literatura del arte cubano: uno era su proyecto de investigación sobre la pintura abstracta en Cuba, la cual complementaba con entrevistas a los pintores abstractos, otro era su proyecto sobre el muralismo en Cuba, cuyas muestras estaba rastreando por toda la Isla; y el tercero, surgido del anterior, se trataba de un proyecto de investigación sobre los siete murales de caricaturas en cerámica, al parecer únicos en el país, existentes en una casa del balneario de Guanabo.

En el libro sobre el arte abstracto García Peraza, tenía el propósito de recopilar información de artistas de varias generaciones, empecinados en continuar con pasión (y contra todas las adversidades) dentro del universo de la abstracción, y de llenar con información ese vacío en la historia abstracta existente en el silencio íntimo de la insularidad cubana. Para orgullo mío, él me seleccionó para el mencionado proyecto, que comenzaba sobre la pintura abstracta, con varias obras de mi autoría realizadas en técnica mixta sobre metal, y también con unos grabados sobre papel. Igualmente he sido partícipe de la exposición colectiva en la Casa del Alba, en mayo-junio del 2014, bajo el título de Cien abstractos. Una colosal muestra curada por la especialista en arte de esa Casa, Evelyn Pérez Gálvez, exposición que se presentó de mayo a junio del 2014, con obras de 82 pintores abstractos cubanos, muchos de los cuales nunca habían expuesto sus obras en La Habana.

Recientemente, la Editorial Arista Publishing Co, de Florida, EEUU, ha publicado interesantes libros de este investigador de la historia del arte cubano. Así hace dos años publicó en soporte de papel el libro El mural cerámico de caricaturas en Guanabo, una investigación sobre el tema antes mencionado. Ahora se publica por ese mismo sello editorial, en marzo 2016: La abstracción en la pintura cubana, libro necesario y de impacto, pues ha sido bien acogido por coleccionistas de arte, críticos, galeristas, museólogos y artistas plásticos en él reunidos, ya que nos muestra el latido y el sentir de generaciones de disímiles artistas cubanos, que siguen creando sus atractivas composiciones entre manchas, chorreados, collages y grandes empastes. O sea, obras de inspiración, ajenas a cualquier escenario mercantil o social que se imponga en los nuevos tiempos, de finales del siglo XX y comienzos del nuevo milenio. Este libro en soporte de papel y dos tomos es una nueva edición revisada, corregida y aumentada, del libro original publicado en febrero 2015 por la Editorial Boloña, de la Oficina del Historiador de La Habana, bajo el título de La pintura abstracta en Cuba. Además, cuenta con dos nuevos trabajos de investigación, y -según informa su autor en Facebook y Linkedin- veintiséis nuevas entrevistas a pintores abstractos. Es decir, en total aglutina a 126 artistas de todo el territorio nacional, con 630 impactantes imágenes de sus obras a todo color. Además, la cronología se actualizó, que fue elaborada por Pedro de Oráa y Elsa Vega, la cual abarca desde 1930 hasta el 2015, y también cuenta con un nuevo prólogo del Dr, Avelino Couceiro.

En sus palabras de presentación del libro digital La pintura abstracta en Cuba, en el Palacio de los Capitanes Generales, editado por Boloña aquel 14 Febrero 2015, Peraza nos informó que había reunido en el mismo entrevistas a cien artistas abstractos, y afirmó: “El resultado de mi investigación lo pueden leer bajo el título de La pintura abstracta, los pintores y su circunstancia, en el que cuento la historia y describo el contexto nacional e internacional en que han desarrollado su obra los pintores abstractos cubanos”.

Sin duda, Peraza sabe de las experiencias de los artistas que han cultivado el diapasón abstracto, y siendo un apasionado de la pintura abstracta (que cultiva, además) aclaró: “…hay pintores reconocidos, conocidos, menos conocidos y desconocidos. Uno de mis objetivos fue hacer un libro inclusivo que tomara en cuenta no solo a los consagrados por la crítica y buscados por coleccionistas, sino también a los menos conocidos y desconocidos, de ciudades del interior, desventura que –generosamente- algunos atribuyen al fatalismo geográfico”.

En el caso del texto de Pedro de Oraá a esta nueva edición publicada por la Editorial Arista Publishing Co., de Florida, y en su texto original en la edición cubana, titulado: El arte abstracto cubano. Otra visión de contemporaneidad, el Premio Nacional de Artes Plásticas 2015, añade en un estudio magistral: “Sabido es que la realidad en torno guarda o descubre asombrosas similitudes con lo abstracto; y sólo al pensamiento humano cabe relevarlas en su capacidad de recreación artística”.

Peraza, tiene publicados, además: El muralismo y los muralistas en Cuba, por la Editorial Boloña, en 2016. Publicó también un trabajo titulado Alemania y los Alemanes en la obra de José Martí, que forma parte del libro en edición bilingüe alemán-español, Marti Heute/Martí hoy, de la Editorial Welt Kreis Verlag, Alemania Federal, posteriormente reproducido en la revista de la Biblioteca Nacional. Este libro recopila ensayos de varios autores alemanes y cubanos sobre José Martí, los cuales fueron presentados en el Simposio acerca de la vida y obra de José Martí, celebrado en Wuppertal en 1983.

Sin duda García Peraza, ahora nos regala trabajos de investigación convertidos en libros para el público que se interesa en conocer nuevas facetas de la historia del arte cubano. Por eso, considero que tienen validez las palabras con las que él terminó la presentación de su libro aquella tarde en el portal de los Capitanes Generales, cuando concluyó: “…a quien tenga algo que decir a que lo escriba para ampliar los horizontes de nuestra memoria histórica, que junto a la identidad nacional constituyen pilares del patrimonio cultural de la nación”.

En fin, me parece que La abstracción en la pintura cubana es un libro necesario, concreto e impactante, para esta isla tan abstracta en medio de sus circunstancias actuales, a las que por cierto el arte no está ajeno, aunque a veces también nos enajenamos, a veces ni dormimos y nos dejamos llevar hasta desaparecer entre maravillosos gestos y manchas. Quizás para muchos sin sentido de la cotidianidad abrumadora, pero para otros con mucho sentido, como una necesidad de nuevos sueños y soluciones. Aunque esos gestos, esas abstractas composiciones siempre seducirán haciéndonos pensar, y a otros que miran anonadados, los harán cuestionarse o dudar, de las manchas de su propia realidad, tan necesaria, tan abstracta y cotidiana.

2 Portada libro pintura abstracta bOLOÑA (Large) denyssanjorge@gmail.com

Callejón de los Perros, Bauta

Julio, 2016

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Yo también quiero un ferry por Playa Baracoa

 

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POR Denys San Jorge Rodríguez                                                                   La anciana nos miró fijamente cuando escuchó del ferry Florida-Habana aquella mañana, se acercó a nuestro lado. Ella, no había escuchado la noticia. Pude percatarme que nos miraba detenidamente como conversábamos.
Debatíamos entre un grupo de amigos en Playa Baracoa, y éramos solo un grupo de amigos de distintas formas de pensar y de distintos salarios. Entre los que estábamos allí se encontraba Octavio que increíblemente ha prosperado mucho después que se hizo ciudadano español y ha viajado medio mar Caribe y América del Sur en avión con la condición de “mula”, trayendo ropas, accesorios de motocicletas, televisores, DVD, blúmeres con calenticos, marbellines y delineadores plásticos al por mayor…etc. También se encontraba Luisito mi amigo filólogo graduado de la Universidad de La Habana que igual que yo “pasamos un tremendo cable”, y también Yandy un amigo pintor graduado de Instructores de Arte que siempre ha realizado unas impresionantes marinas al óleo sobre lienzo.                                       Este último comentaba que no veía futuro en el dichoso ferry, aclarando que siempre ha visto a sus padres (unos obreros honestos y revolucionarios) luchándola mucho, y al final no habían logrado nada y simplemente no quería verse en ese triste final. Quedamos serios. Nunca Yandy se había manifestado así tan al descubierto.      Hablábamos del posible ferry que vendría desde aquel “antiguo enemigo”, y la esperanza latente se nos podía ver en nuestros ojos. Algunos suspiraban imaginando la desaparición de la Ley de Ajuste Cubano y el fin del Bloqueo que ya hacía falta. Otros que al fin nos daríamos las manos y danzaríamos entre amigos, enemigos y nuevos vecinos. Octavio, siempre ha aclarado que para este gobierno no va a trabajar nunca, pero que tampoco se va y comenta orgulloso que nunca ha ido a ningún acto político o desfile. Él es un tipo raro. De pronto comentó que cuando comenzara a funcionar el ferry, el sería el primero en irse un fin de semana entero con su esposa, que estaba loco por ir a visitar la tremenda “yuma” y que iría en el viejo almendrón de los años cincuenta de su abuelo, nos aclaraba a todos que él ya tenía pasaporte español y una buena fortuna guardada acumulada en sus viajes como mula a Perú, Ecuador, Dominicana… que comenzaría a viajar ahí, para quizás trasladar contenedores a la isla e iniciar el negocio de cuentapropista en esa rama, o para comprar mercancías y fomentar algún negocio privado en Bauta desde Miami, y simplemente lo aclaraba que él no se iba a ir, pues sabía que a él le iba a ir muy bien cuando esto cambiara y pudiese ir a La Florida.                                 Otros comentaban de familiares exiliados que lloraban a diario y algún que otro como Yandy, nos declaró que también quería irse del país con sus ojos enrojecidos, cuando lo dijo quedamos serios, Yandy, simplemente quería trabajar duro, en lo que fuese para tener lo que quisiese. Trabajar y ayudar a su familia. Que no quería ser mula como Octavio, menos robar en Cuba, solo quería trabajar honestamente como sus padres le habían enseñado y así comprarse un carro, una casa, tener un televisor y un celular de última generación. Lo repitió en más de una ocasión.                                                                                   La anciana… se llamaba Hortensia y era una hermosa mujer con sus arrugas y sus cabellos blancos. Miró a mi amigo Yandy y le comentó: “Las cosas están cambiando, no se precipiten no se vuelvan locos, verán que este país va a mejorar, será el mejor de América. Quien sabe y antes que muera puedo ir como mismo lo hacía en la década del cincuenta junto a mi esposo Vicente en el Chevrolet de 1956 que se compró trabajando muy duro en la Textilera Ariguanabo”. Quedamos con seriedad escuchando a la hermosa anciana sobre aquella época. Más cuando aclaró: “Yo lo que quiero es un ferry por Playa Baracoa”.                                                    Sonreímos. ¡Podría ser maravilloso! Por Baracoa, por Bauta… Hortensia, sonreía. Tenía un sueño muy arraigado al pasado. Un sueño hermoso. Comenzó a contarnos como cada año iba junto a su esposo en el ferry Florida-Habana, de cómo pasaron su luna de miel allá en Connecticut, de cómo iban a realizar sus compras navideñas a Estados Unidos y como en ocasiones decidían hasta ir un fin de semana completo de paseo al norte luego de salir de su jornada laboral en la Textilera de Cayo de la Rosa. Nos comentó de pronto que tenía en casa una vieja foto y de fondo se veía el Morro de La Habana, era una foto que guardaba con recelo, de ella en los brazos de su madre y junto a su papá, cuando a finales de la década del veinte viajó con ellos por primera vez en el Vapor Virginia. Nos comentaba de otros viajes en otros vapores, en los que cruzó en Golfo de México, en el California y en el Pennsylvania. Que cubrían la ruta desde La Habana a Key West o Port Tampa, haciendo escalas en las principales ciudades americanas. Era una costumbre viajar en el ferry desde niña. Era su alegría. Después lo hizo en su juventud con su esposo Vicente en el moderno ferry The City of Havana.                                                                                                Otro amigo reunido allí y de nombre Pedrito alias La Anguila que también es mula, miró a la anciana: “Mi abuela usted se imagina, bueno eso del dichoso ferry no lo creo mucho, además se necesitaría igual la visa esa, mire mi abuela que llevo tiempo luchándola para ir a la “yuma” a traer unos trapos que allí son más baratos, y esos americanos me ha negado la visa más de cuatro veces, y mira que le he tirado a la brujería con todo a esos yanquis… y nada, solo he podido viajar al Ecuador”.                        Yandy, no hablaba, no le gustaba hablar de política. Siempre ha ido a todos los desfiles, a los actos políticos. Nos aclaraba que era por una cuestión económica. Que su vida no estaba dando los resultados soñados, que no tenía ningún ancestro español para hacerse un pasaporte y tener un “escape” como nuestro amigo Octavio y veía a su lado como “otros” sin estudiar, sin trabajar honestamente lograban cosas que sabía nunca iba a tener. Simplemente él, no veía futuro en los cambios producidos después del pasado 17 de diciembre. Hace pocos días me dolió cuando me enteré que emigró, pues sé que prometía mucho, es un talento y le tengo un gran aprecio, fue primero para México y cruzó por la frontera de Tecate a San Diego. Recuerdo cuando yo estuve ahí, en ese mismo punto fronterizo y brinqué tirándome una foto con la bandera estadounidense del otro lado, del lago gringo, y después regresé a la isla. Estoy aquí.                                   Luisito, mi amigo el filólogo graduado de la Universidad de La Habana se fue a Europa. Me dolió sobremanera cuando no regresó más. El no quería irse de Bauta. Ahora residen en Barcelona y ayuda a sus padres como también lo hace Yandy, desde Miami.                                         Octavio, viaja constantemente a Dominicana y regresa todas las semanas como mula, ahora está construyendo una tercera planta encima de su casa y vende todas las ropas y marbellines por el barrio y sigue viendo los programas de mal gusto por el DVD que siempre le criticamos. Sigue sin ir a ningún desfile.                                                  Yo también espero. Espero un cambio. Sé que este país puede prometer mucho. Pero soy como mi amigo Yandy, que no quiso robar, pero sueño igual con que caigan todos los odios, y entre igual un ferry por la costa bautense… que entren muchos, otros igualmente por Playa El Salado, por Santa Fé, por Jaimanitas y por Cuba entera.                     De la anciana Hortensia, me han comentado que después de oír la noticia del ferry, va cada día al muelle de Fello más allá de Playa Habana cerca de la escuela Latinoamericana de Medicina y se sienta en el espigón con los pies dentro del agua, mientras el agua salada la acaricia, espera con la ilusión de que algún día atraque un ferry igual por nuestra Playa Baracoa.

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