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Antonio “Tony” Lorenzo: Un bautense olvidado

Antonio “Tony” Lorenzo: Un bautense olvidado

POR Denys San Jorge

Sin dudas el más importante jugador dentro del team textil Ariguanabo[1] que trascendió a niveles estratosféricos fue Antonio “Tony” Lorenzo. Los fanáticos del equipo Habanacuando jugaba en el equipo profesional que dirigía Mike González lo nombraban como“el zurdito de Cayo de la Rosa”, en la Liga Internacional de la Florida lo apodaban como “el niño prodigio del Havana Cubans[2]donde en distintos equipos de las ligas estadounidenses lo aclamaban con tan solo algo más de veinte años y hoy es una figura olvidada aquí en Bauta.

En una de esas primeras revistas Ariguanabo que llegaron a mis manos, de la extinta Textilera, mencionaban ellanzador zurdo nacido en aquel batey industrial de Cayo de la Rosa en Bauta, en el mismo centro del mar de agua dulce de la laguna Ariguanabo y poseedor de una curva envidiable, con una dureza en sus envíos que hacia sucumbir a sus contrincantes desde muy joven y en esta publicación, aparecía un excelente texto de su contemporáneo Manuel Valdés Roche, que comentaba acerca del estelar Lorenzo:

        “…hemos de gradecer que nació aquí en Cayo de la Rosa y que sus primeros años transcurrieron ignorados para todos, confundiéndose con el trepidar rítmico y continuo de las maquinarias de la industria textil Ariguanabo”.[3]

Ahí podía leerse como a finales de la década del cuarenta todos estaban muy orgullosos de Tony Lorenzo, o “Pilla” como le nombraban y es sin dudas una de esas figuras olvidadas dentro del panorama local. En la década del cincuenta fue el orgullo del pueblo de Bauta y su batey textil, donde se quería que fuese igual a Babe Ruth, o le hiciesen un film como al mismo pelotero Roberto Ortiz.

Hace poco tiempo atrás en ese peregrinar mío, hurgando en el pasado bautense buscando el rastro de Tony Lorenzo y del béisbol en medio del Ariguanabo, tuve el privilegio de conocer en Bauta a una madre y su hija, ambas como parte de una familia de obreros textiles de este enclave industrial que un día aquel industrial norteamericano[4] los llevó desde San Antonio de los Baños al centro de la laguna donde erigía su industria del algodón. La madre con la que me encontré se llamaba Dolores Ordaz, con cariño le decían Lola, y estaba junto a su hija María Elena Lorenzo. Recuerdo aún con la ternura con la cual me recibieron, y en aquel momento comenzaron a mostrarme sin conocerme fascinantes recuerdos de su familia, del viejo batey y para mi asombro aquella señora que me pidió la llamase Lola, era ya una anciana con hermosas arrugas y esposa de Tony Lorenzo, aquel pelotero oriundo de Bauta que yo andaba rastreando.

La anciana con su sonrisa encantadora y con mucho orgullo, comenzó a mostrarme aquel álbum confeccionado por ella misma, con recortes de prensa y viejas fotos que comenzaba en la década del cuarenta, donde salían todas las noticias y estadísticas de Lorenzo en su paso por el béisbol amateurs y profesional en Cuba,como en el extranjero hasta mediados de la década del cincuenta. Recortes de revistas Ariguanabo, periódicos del The Tampa Daily Times y The Scranton Tribune con noticias de Tony y ella en otros junto a su esposo. Me mostraba más fotos de Tony junto al “Chino” Hidalgo, junto a Willy Miranda, con Conrado Marrero este último quien era su amigo y compañero[5], y recortes de periódicos nacionales con victorias del Club Habana, con fotos de Tony junto a Lorenzo “Chiquitín” Cabrera, Edmundo Amorós, Carlos Pascual y la foto de cuando fueron campeones en la temporada de 1950-51, y con lágrimas en los ojos me evocaba de la Serie del Caribe en Venezuela que presenció desde las gradas cuando perdieron el campeonato.

Nacido en este batey en 1930, fue uno de esos niños que crecieron y corrieron en el viejo batey de la época capitalista. Tony Lorenzo, o más bien conocido por “Pilla”, desde niño jugó por los potreros y la planicie húmeda del valle del Ariguanabo con palos y bolas de cuero frente a la fábrica que crecía nave a nave, con la ilusión y sueños de ser un gran pelotero que ayudaría así a sus padres obreros. Toda su familia, eran humildes obreros textiles que vivían en el batey y que estaban destinados a trabajar con mucho orgullo y pasión por entre el algodón y los telares donde el propio Tony comenzó a trabajar en la lavandería de la industria textil.

En 1945, con tan solo quince años y 120 libras fue escogido junto a un grupo de adolescentes del batey para integrar el equipo textil Ariguanabo de la fábrica en el Campeonato Juvenil patrocinado por la Dirección General de Deportes celebrado en el Stadium Tropical, en aquel campeonato inicial bajo las noticias de la Segunda Guerra Mundial, en que grandes peloteros como JoeDiMaggio, Hank Greenberg y Ted Williams se habían ido al frente de guerra europeo a luchar contra el fascismo, tuvo así el joven pitcher de Cayo de la Rosa a 78 adversarios ponchados y al año siguiente 103 ponches[6] donde lo catalogaron como el Rey de los Struckouts. Seguidamente el equipo del Círculo de los Artesanos de San Antonio de los Baños lo llamó a sus filas amateurs para suplir la ausencia de “Jiqui” Moreno. En 1946 debutó en el profesionalismo con el equipo de los Havana Cubans, obteniendo 16 victorias en esa primera temporada. Al año siguiente ganó 12 juegos en este mismo equipo y en su tercera temporada de 1947 obtuvo 23 triunfos para el Havana Cubans. En una revista Carteles afirmaban acerca del zurdito textilero a su paso por estas ligas de la Florida con más de 275 ponches a su favor:

Tony Lorenzo fue la revelación del año en la Liga Internacional de la Florida. Además de haber impuesto un record de “Struckouts”, obtuvo más victorias que ningún otro lanzador cubano. Fue una de las bases principales en el tercer campeonato[7].

El año de 1948 para el bautense Lorenzo fue un gran año con 23-8, 2.23, liderando la poderosa Liga Internacional de Florida en victorias y ponches (275). Fue nombrado MVP de la liga. El total de ponches sería el récord de la liga de todos los tiempos.[8]

En el campeonato profesional nacional debutó en la Liga de Invierno de Cuba en la temporada de 1947-48 en el Club de los Rojos del Habana. En 1949 lanzó para los Chattanooga Lookouts,de la Asociación del Sur, jugó por temporadas en los Browns de St. Louis,en los Tampa Smokersy en el Scranton Minersde la Eastern League, a mediados de los cincuenta y a muy corta edad, tuvo una grave lesión muscular en el brazo de lanzar que impidió ingresar ese año en las Grandes Ligas por el equipo del Detroit, que lo querían comprar.

Hace poco hicieron en Bauta, un monumento a las glorias del deporte cubano, cuando fui a buscar su nombre sobre su superficie, este no aparece ahí.¿Como era posible? Su nombre aparecía por internet en estadísticas en La Florida y en los clubes que participó y la foto oficial que mostraba el equipo Habana campeón nacional de 1950-1951 estaba en disímiles lugares por diferentes países en museos, pero en su pueblo natal no existía.

Antonio “Tony” Lorenzo, murió en Bauta un 12 de enero de 2000 y muchos lo vimos en los terrenos de béisbol de Cayo de la Rosa como entrenador donde mismo comenzó de niño, y después en el estadio de Bauta en muchas ocasiones, simplemente como el encargado de Mantenimiento y que terminó ahí como un desconocido más para muchos que lo recuerdan como aquel hombre entrado en años que sencillamente se preocupaba por el césped, por las mallas y las pelotas que iban de foul, o si se enfurecía si alguien no entraba al terreno con los tenis idóneos, pero una cosa cierta… nadie o muy pocos saben hoy quizás la leyenda que fue y lo que hizo dentro del deporte cubano.

Pasó para muchos… sin saber que pasó entre nosotros y olvidado, su familia con mucho orgullo guarda y atesora sus recuerdos más preciados para el público local y nacional, esas fotos y sus estadísticas perfectas, los records y su imagen en recortes de prensa y publicaciones nacionales e internacionales. Este pueblo bautense debe recordar siempre a “el zurdito de Cayo de la Rosa”, como lo nombraban en medios nacionales cuando jugaba en el equipo profesional Habana que dirigía Mike González que tanta gloria dio a ese equipo, y que además jugó en un Serie del Caribe, o como lo nombraban internacionalmente de “el niño prodigio del Havana Cubans”en la Liga de la Florida.

Bauta cuenta con un pelotero local, hijo de obreros textiles que jugó y se convirtió en una gloria del béisbol cubano con los sueños de representar a su batey textil y su pueblo bautense como a su nación entera y hoy, con las glorias que conquistó, nadie lo conoce o lo recuerda. Está olvidado y nadie sabe de sus records, ponches como su paso por las ligas nacionales y norteamericanas. Su nombre es totalmente desconocido, ha caído en el ostracismo del olvido, en esa indiferencia que nadie quiere hurgar como si nunca hubiese existido, como muchos otros que también caen al ocaso y la indolencia, que a pesar de no abandonar jamás la isla, también fueron borrados como si lo hubieran hecho[9], pero que algún día estoy seguro que ocupara su lugar como se lo merece en la historia del deporte nacional, y una cosa cierta… si su foto esta allá fuera en disímiles lugares con mucho respeto, porque no está aquí dentro para el disfrute y el orgullo de todos nosotros.

denyssanjorge@gmail.com

Callejón de los Perros/Bauta

Noviembre/2017

[1]Equipo de baseball surgido a mediados de la década del treinta por obreros y pobladores del batey de Cayo de la Rosa como parte de la Compañía Textilera Ariguanabo S.A. fundada en 1931 por el empresario norteamericano Dayton Hedges en el centro de la laguna Ariguanabo, en dicho equipo también jugaron Armando Brito y Tony Nápoles quienes jugaron en clubes de la Florida, y Severino Méndez quien formó parte del Cienfuegos de la Liga Profesional Cubana, también jugó en el Habana Cubans de la Florida International League y en diferentes clubes de Estados Unidos.

[2]Cuellar, Víctor: “Tony Lorenzo: el “niño prodigio” del equipo “Havana Cubans”, en revista Ariguanabo, Cayo de la Rosa, Bauta, Ano V, No. 49 y 50, agosto-septiembre 1946, pp. 28-29.

[3]Valdés Roche, Manuel: ““Tony Lorenzo”, Entrevista al Gran Pitcher del Club Habana que regentea Mike González”, en revista Ariguanabo, Cayo de la Rosa, Bauta, Ano VI, No. 65, Enero 1948, pp. 29-32. 

[4]Dayton Hedges quién compró Cayo de la Rosa construyendo la Compañía Textilera Ariguanabo y dicho batey en torno a esta industria en Bauta.

[5] Entrevista a Dolores Lola Ordaz antes de fallecer y datos pertenecientes a los archivos personales de su hija María Elena Lorenzo Ordaz, hija del pitcher Tony Lorenzo, en Bauta, enero 2014.

[6]Datos de internet:  http://www.baseball-reference.com/bullpen/Antonio_Lorenzo

[7]Recorte de revista Carteles… datos obtenidos de los archivos personales de María Elena Lorenzo Ordaz, hija del pitcher Tony Lorenzo, en Bauta, enero 2014.

[8]Datos de internet:  http://www.baseball-reference.com/bullpen/Antonio_Lorenzo

[9]Terry Valdespino, Miguel: El acto inútil de borrar ciertos nombres, en Palabra Nueva, noviembre 2015, pp. 41-42.

FOTO 1: Tony Lorenzo en el Havana Cubans, 1946

FOTO 2: Tony Lorenzo en el Chattanooga Lookouts, de la Asociación del Sur, Estados Unidos, 1949.

FOTO 3: Tony Lorenzo en el equipo de la Compañía Textilera Ariguanabo, Cayo de la Rosa, Bauta, 1952.

 

Un Bautense junto a los Aliados

1. ROLANDO FUENTES MEDEROS (1)

POR Denys San Jorge Rodríguez

                                      “Tu nombre es desconocido, tu hazaña es inmortal”.                                         Tumba del Soldado Desconocido

 Unos días después del desfile en la Plaza Roja por el 70 Aniversario de la Victoria de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial, estaba sentado con unos amigos en la glorieta del parque municipal de Bauta. Estaba ahí y en un banco de hierro muy cerca, un grupo de ancianos que habían comprado el periódico hablaban entre ellos de la victoria soviética contra los nazis. Daban estadísticas perfectas del Ejército Rojo y de los Aliados contra las fuerzas hitlerianas. Hablaban de aquella época de cuando eran unos niños, y evocaban el desfile y riendo aclaraban que contra los rusos nadie iba a poder con semejante arsenal. ¡Ni lo americanos! Pronunció de pronto orgulloso un anciano y que yo veía a menudo por el pueblo. Quizás era verdad lo que decía aquel viejo llamado Quintero… yo sabía que aquel último desfile frente al Kremlin era impresionante. Ahora todos esos ancianos comentaban de los veteranos que salieron ahí mirando el desfile que portaban sus medallas y condecoraciones, que de seguro lucharon en La Batalla de Kursk, en Leningrado o en La toma de Berlín. Hablaban y también reían de sus hazañas de años atrás. Pude oírlos como evocaban aquella época cuando tenían algo más de quince años, de cuando hicieron huelgas contra los gobiernos antes del 59, o sacaron banderas y pusieron petardos en algún rincón de la capital…

¿Se acuerdan de Rolandito, el morterista bautense que combatió junto a los Aliados? Preguntó de pronto el viejo Quintero y recuerdo bien como de pronto se miraron muy seriamente entre ellos con un silencio sepulcral y fui a su lado. ¿Quién era Rolandito? ¿Un bautense junto a los Aliados? Otro viejo comentó: ¡Si muchachón Tamuñanga era nuestro amigo! ¡Rolandito, ahí sí que había guapería en el campo de batalla! ¡Todos queríamos ser como él!

Miré asombrado. ¿Cómo era posible? Un héroe desconocido. Un héroe bautense que nadie conocía. Le decían con cariño Tamuñanga. Pero… ¿Quién era Rolandito? ¿Quién era aquel hombre inexplorado en Bauta para todos? Les pregunté nuevamente y ellos sonrieron mirándose entre sí con un profundo misterio y el viejo Quintero comentó: ¡Caballeros, arriba díganle a este muchachón quien fue Rolandito, que él debe saber, el debe saber de Tamuñanga nuestro amigo, díganle… que dicen y creo que ya después del 17 de diciembre se puede hablar todo! Pero que quede bien claro y no tengo miedo decirlo Rolandito era mi amigo, pero… ¡esos cabrones del norte nunca serán mis amigos! –dijo Quintero y aclaró-. ¡Cuando la fiebre porcina en la década del setenta tuve que sacrificar todos mis puercos por culpa de esos cabrones norteamericanos por las plagas que nos tiraron! ¡Yo sí que no perdono a los imperialistas por los cerdos que tuve que degollar!

Miré y no quise opinar. El viejo Quintero se sentía dolido por los cerdos sacrificados décadas atrás. Vi como comenzaron a reír. Todos ellos tenían sus motivos y los demás sonrieron y el viejo Quintero, fue quien comenzó a contar de Rolandito, de quien fuera conocido de su padre y un gran amigo de su familia en Bauta. Lo decía con orgullo. Según el viejo Quintero, su amigo Rolandito o “Tamuñanga” fue un gran hombre nacido en Bauta, que ellos conocieron viéndolo caminar por el pueblo cuando llegó en un enero después de finalizada la Segunda Guerra Mundial. Aquellos ancianos de pronto comenzaron a emocionarse y entre ellos sacaron viejas historias de cuando llegó al pueblo finalizada la guerra y salió publicado en todas las revistas y periódicos, en la Revista Ariguanabo, de cuando el Club Rotario le dió una distinción, de cuando los Hedges le hicieron un homenaje en el Club Textil de la Textilera Ariguanabo, de cómo salió publicado en el periódico local Vanguardia con una foto suya, y el viejo Quintero aclaraba además que él tenía ese recorte guardado con recelo.

Lo dijo mirándome fijamente. Estaba orgulloso de aquel amigo con el que un día conversó. Su nombre era Rolando Fuentes Mederos, fue un hijo de Bauta que estando en Estados Unidos casado con una americana se enlistó en el ejército norteamericano como oficial del Regimiento 166 de Infantería, del Tercer Ejército del General George S. Patton, como parte de las tropas norteamericanas que combatieron contra Adolf Hitler, cuando la liberación del pueblo belga de Bastogne, en la batalla de Las Ardennes en la fría Navidad de 1944. Yo sabía que esa fue una batalla terrible en aquel pueblo, tengo en casa una serie televisiva nombrada: Banda de hermanos, que me fascina y veo a menudo inspirada en la Easy Company, y aquel era un capítulo en la fría nieve de Bastogne, donde la batalla fue terrible y decisiva para los Aliados. Allí en la vida real Rolandito, el bautense, combatió dirigiendo un mortero con otros dos soldados, y solo él sobrevivió bajo la metralla y la muerte donde salió herido. ¿Quizás esa serie pudo ser inspirada en él también? ¿Quizás él pudo salir en esa serie televisiva como esos otros veteranos? ¿Quizás el pudo combatir junto a la Easy Company? Le dije al viejo Quintero y me sonrió. Le comenté que yo también había visto una foto de Rolandito junto a sus padres y hermanos en el Catauro bautense, un libro sobre Bauta que anda por el pueblo y que me llegó en una memoria flash, un libro realizado por Omar Ríos y el Dr. Eduardo Ordáz, un libro lleno de fotos muy viejas e interesantes con historias como estas que se deben rescatar, donde pude apreciar que Rolandito o Tamuñanga, como decía el viejo Quintero con aprecio y orgullo, murió junto a su familia en New York el viernes 3 de Enero del 1997. Fue un bautense condecorado con la Estrella de Bronce y la Medalla de Honor de la Infantería. Ostentando tres cintas de batallas por Las Ardennes, Rhinlandia y Europa Central. Fue condecorado con medalla de experto en tiro de carabina y ametralladora. Allí pude leer además que fue miembro de la Policía de Bomberos del Condado Washington; de la Compañía de Bomberos de West Fort Ann; de los Veteranos de las Guerras del Exterior de Queensburg No. 6196; de la Legión Americana de las Cataratas de Hudson No. 0574; y la Legión Americana Raymond W. Harvey No. 703.

¿Cómo puede ser posible? Tener un héroe de esta envergadura y no saberlo. No honrarlo como merece. Cuando vi todo esto de Rolandito ahí, me emocioné. No lo niego. Pero… ¿Qué puede llevar a un hombre a sacrificar su vida en defensa de otros? Rolandito, bien sabía su sacrificio a la hora de enlistarse. Bien sabía que podía morir en el intento por la metralla enemiga nazi. Bien sabía que lo hacía también por su familia, por nuestra Bauta, para que el odio no llegase hasta aquí. Para muchos, fue un gran hombre que cruzó el Atlántico en defensa de los oprimidos. Simplemente es nuestro bautense que combatió y que decidió dar su vida, contra el exterminio y la opresión humana de la Segunda Guerra Mundial, que combatió por el ejército norteamericano y junto a los Aliados contra ese Tercer Reich que tanta destrucción causó a millones de judíos, a hombres y mujeres.

Este pueblo tiene su Rolando Fuentes Mederos, un hombre que se convirtió en héroe de la Segunda Guerra Mundial que combatió, sufrió y que también de seguro sintió miedo en el frío desolador de la batalla de Bastogne. Rolandito, para todos fue Tamuñanga, ahora para nosotros será un desconocido… quizás un día será recordado como se merece, pero su hazaña en favor de la Humanidad será inmortal.